6. En Busca del Valor


Y hacía la libertad


La mañana abrió tímidamente con un torrencial aguacero, que se prolongó por una semana, poco podían hacer, sólo acaso esperar que escampara, se volvieron muy cercanos y su amor creció entre grandes peces y noches de calor.

Luego que escampó tomaron el camino al campamento, no podían esperar más, a la hora de costumbre los tres sujetos salieron rumbo a la isla más grande armados de rifles. Ellos con sumo cuidado bajaron hasta la cabaña, allí percibieron el olor de la comida del cocinero.

Se colocaron a espalda de la casucha y miraron al gordo que fungía como cocinero, se hicieron señas y entraron a la cocina, lo tomarían por sorpresa; pero para su desconcierto no había nadie, sorprendidos, voltearon y detrás de ellos se encontraban todo el grupo apuntándolos con rifles, se metieron en la casucha y sintieron como los disparos comenzaron a sonar, se arrojaron al suelo y afortunadamente ninguno dio en el blanco, hicieron lo propio desde la cocina, mas estaban en desventaja, un arma contra cuatro.

Las balas que ellos tenían eran muy pocas así que intentaron salir por la ventana solo para recibir otra ráfaga de disparos; todo estaba perdido, corrieron hacia la zona selvática; se detuvieron, no había salida y corrieron en dirección a la choza más grande, era allí donde tenían la radio. Era inútil los mercenarios parecían divertirse con ellos. Los rodeaban y los veían correr como ratas asustadas.

Decidieron entregarse, nuevamente estaban a merced de los secuestradores, alzaron sus manos, pero no morirían sin luchar, se voltearon y corrieron como locos hacia ellos, quienes no esperaban esto.

Tras la sorpresa los mercenarios no supieron que hacer. Dos de ellos fueron despojados de sus armas, y con estas los náufragos dispararon, emprendieron a correr dando gritos sin dejar de disparar atrás, la premura los llevó por un camino que no habían visto antes,  asombrados se encontraron frente con el avión.  Allí estaba el móvil que quizás los llevarían fuera de la isla.

Otra ráfaga de disparos sobre ellos, uno de los disparos dio  en la espalda del piloto, quien cayó en el suelo. El joven, como pudo, lo levantó e hizo disparos hacia atrás, lo arrastró hacia el avión,  se montaron en el avión, el piloto encendió el avión  y recorrieron el pequeño trecho que llevaría  a levantar el vuelo de la isla, tras los disparos y gritos de los mercenarios, quienes impotentes maldecían.

No podían creerlo, estaban fuera de la isla, dejando los mercenarios presos en la isla. La pesadilla quedaba atrás y ellos celebraban perturbados lo que el destino le reparó, estaban de camino a su casa, habían dejado la isla, nunca pensaron esto, no estaban mentalmente preparados para esta alegría, así que calmados miraban la ventanilla, estuvieron mucho tiempo en esa isla pero ya eran libres.

Se devolvieron y pasaron por encima de la isla, rumbo a  casa, atrás quedaba  el pequeño arco que escondía la cueva que los salvó de la muerte, atrás quedaban los grandes peces y la aventura que vivieron. Eran libres.


 Montados en el avión, la huida aún le parecía mentira, no podían creer lo que sucedió: estaban fuera de aquella pesadilla que vivieron, de aquella cárcel llena de matices claros y oscuros. El joven miraba las paradisiacas islas alejarse más y más. Se sintió, sino del todo feliz, contento, volvería a su casa con su gente y a sus costumbres. Quería conservar en su memoria el color de las nubes, el cielo, el mar, así se sentía, el olor de la liberad, puro, extensivo y claro. No pensaría en esa locura nuevamente.

Sin embargo, también era cierto que en la isla había entendido quien era en realidad, en esa isla se había descubierto así mismo. No podía seguir mintiéndose más porque lo que sintió, tal como dijo el piloto, no lo había sentido nunca, sabía muy bien quién era y lo que quería en la vida, pretendía eso que tenía al lado de Alain, el piloto, y lucharía por conseguirlo, costase lo que costase, se enfrentase a lo que se enfrentase.

El piloto por el contrario estaba concentrado en el camino, sin mirar a ningún lado, desviaba la vista solo para ver los controles y ajustar algunos botones.

-Tanto planear… y ya ves que salió totalmente diferente, escapamos de allí por un golpe de suerte- exclamó el joven embargado por la emoción.
-Sí, ya lo veo - contestó el piloto, ausente.

-Seguro que podremos regresar a nuestra  vida, quisiera estar algunos días en mi casa y luego, luego me iré a tu casa, -planeaba François su futura vida al lado de la persona que amaba- esa que tienes en el lago, a mi familia le parecerá raro, pero estoy seguro que luego lo entenderán. Creo que estoy bastante grandecito para independizarme, desde allí podré ir a las competencias. Quizás debemos comprar acaso algo más grande; por ello no te preocupes el tenis me ha dado lo suficiente para comprar tanto como un castillo si así lo quisiera y estoy seguro que nada nos faltara.

-¿En verdad se gana bastante en eso?- preguntó el piloto sin dejar de mirar el firmamento.
-Seguro, los patrocinadores pagan un buen dinero y todo lo demás es…- se quedo pensando- es  una locura, -dijo el joven emocionado al llanto.
-Entiendo-fue lo único que dijo el piloto. Luego calló en uno de sus acostumbrados mutismos[1] y siguió revisando  los controles. Quería comunicarse con tierra y avisar de su arribo.

-¿No te alegra saber que salimos y que podremos tener una vida juntos? Inclusive más adelante podremos casarnos. Creo que si no podemos acá, saldremos del país y allí lo haremos. Nos irá muy bien.- al terminar de decir esto lo tomó por las barbadas mejillas al piloto y le dio un beso, estaba fuera de sí.
-Si me alegra, pero desde ahora prométeme que estarás al pendiente de cualquier cosa, que te cuidaras y evitaras hablar de la verdadera razón y  el porqué  los mercenarios nos perseguían, te iría la vida en ello.-dijo el piloto con mucha seriedad.  
-Me aturdes- contestó el tenista- deja de preocuparte tanto.

Pensaba como decírselo a sus amigos, en especial al que consideraba como su hermano y con quien se había criado desde pequeño, muy dentro de sí sabía que lo entendería, no era momento para pensar en eso, estaban libres y eso era lo que realmente importaba. Mucho tiempo habían pasado encerrados en la isla, era el momento de volver, convertido en otra persona totalmente diferente, más madura, más humana, más dueño de sí. El avión dejó ver la ciudad y Alain, el piloto,  pidió permiso para aterrizar.  

El tenista lo abrazó…su mente se oscureció y se hizo el silencio. La razón lo abandono. 

Libres de las Islas

En tierra todo fue una locura, los de las torres de control no podía creer que en ese pequeño avión venía el destacado tenista perdido hace meses, todos se preguntaban ¿qué había pasado? ¿A dónde estuvo?

Al mencionar la palabra secuestro, avisaron a las autoridades y todo se volvió un pandemonio. En el aeropuerto llegaron decenas de periodista buscando la primicia de los secuestrados, la historia era muy confusa, todos los flases fotografiaron el arribo del avión, de allí bajo un joven algo barbado.

La familia del joven también se hallaba allí, su antigua novia, su mejor amigo y uno que otro conocido.  Al verlo lo abrazaron y alabaron por su valentía. Todos estaban contentos de verlo. Él igualmente se abrazaba con todos y las lágrimas no dejaban de caer por sus mejillas.

Por un momento tras la confusión del encuentro perdió al piloto de vista y luego lo vio siendo llevado a otra parte, experimentó un extraño sentido de pérdida, tal vez esa última sonrisa que le ofreció sería lo único que sabría del él, por mucho tiempo, quiso devolverse, pero la policía tendría que hacer varias averiguaciones sobre el caso, -Es paranoia, estará para siempre a mi lado- se dijo y continúo hablando con su familia.

Después de eso todo fue muy confuso, la prensa maximizó el asunto, y pronto recorría las páginas de los diarios y revista, estuvo incluso en alguna entrevista. Dando declaraciones y explicando cómo pudieron sobrevivir tanto tiempo en la isla.

Fue por este tiempo muy cuidadoso en todo decía: no sabía ni que querían los secuestradores ni por que estaban allí y que tanto para el piloto como para él, también fue borroso, estas palabras fueron repetidas una y otra vez, por el joven.

Otra ola de atención se formó cuando apresaron a los secuestradores abandonados en la isla, una semana después, el joven tuvo que testificar, aunque sólo tres pudieron apresar; ya que el verdugo había muerto víctima del disparo durante la fuga.

Verlos fue duro para el joven, todo estaba concluido.  Este era el final. El verlos disminuidos fue sorpresivo, el poder otorga imágenes quiméricas, entendió que la situación opresiva que vivió fue, posiblemente, lo que realmente odiaba, no estas personas diferentes hoy en día antes sus ojos.

Pensó que ese día vería también al piloto para ponerse de acuerdo donde vivirían, qué harían y cómo enfrentaría los problemas, no quería estar más tiempo apartado de él;  más no fue así, ninguna vez apareció. Preguntó por él pero no obtuvo respuesta. Quizás estaría acomodando todo para mudarse y le daría una sorpresa.  Todos trataban de protegerlo.

Le extrañó no haber recibido ninguna llamada, ningún mensaje, ninguna señal que también lo extrañaba; pero él era así, nunca fue un sujeto de muchas palabras, en cualquier momento aparecería por allí de eso no le quedaba duda. Se amaban.

Esto nuevo experimentado por él fue un huracán de emociones, el amar fue algo totalmente nuevo. Sentía dentro de sí como un susto por verlo de nuevo. En las noches soñaba como sería su encuentro, abrazaba su almohada y reía de felicidad. Cuando terminara de arreglar sus cosas regresaría a él y sería tan feliz como nunca fue. Adiós a la soledad y esa extraña sensación de vacío.


[1] Mutismo. (Del lat. mutus, mudo, e -ismo). m. Silencio voluntario o impuesto.