pagina 10. el regreso



10. el regreso

En São Paulo las cosas estaban muy tensas para el señor De Sá, con la salida de Glauber ya lo peor estaba hecho, de aquí en adelante todo sería relativamente  más fácil, la decisión de su hijo de salirse del juego era algo que no podían desaprovechar, le costó mucho planear todo para quedar con algo de la empresa, cada posible error fue superado para que no fallara. Pero las cosas salieron mejor de lo que pudo esperar y hoy era dueño de todo, sin tener que recurrir a nada de lo fraguado.

 Había pensado que Glauber defendería su herencia, pero no entendía que le sucedió para que él decidiera salirse del juego, de todos modos nada de eso importaba ya. Ni siquiera le importó que ya no se realizara la boda entre Ligya y él, sus intereses eran otros. Ya Glauber volvería y comprendería su posición, poco a poco lo iría ganando y lo tendría de nuevo a su lado, pero sin la inquietud de entregarle  la empresa.

Para él Glauber estaba acostumbrado a las cosas buenas y no se acostumbraría a la lucha en São Paulo que lo destruiría  y eso lo haría volver y perdonarlo. Se sintió orgulloso de toda su vida, la precisión con que tomaba sus asuntos.

Sentado en su oficina no echaba de menos la ausencia de su hijo, esperaba que las ganancias se multiplicaran por los negocios en la Web, miraba de reojo a Iberê sentado en la oficina del frente, no debía olvidarlo, fue el protegido de su hijo, en su camino a la supremacía total tenía que eliminar cualquier persona que pudiese echar para atrás su planes, el que se descubriera todo fue un error que le ha podido costar mucho. Solo pensar que pudiese haber descubierto su propósito lo exasperaba, un estado de terror se apodero de él e hizo llamar a Gilberto, debían eliminar esa piedra; pero primero debía saber si era de utilidad aún, era imperativo sacar a todo posible mal, no quería sorpresa. Y así como alguna vez celebró la buena suerte de la locura de su mujer hoy desconfiaba de todo y de todos. 

Antes de que llegara Gilberto, pensó en que quizás no fue tal accidente, probablemente dejó todo allí para que Glauber lo descubriera, era posible que  al final pensara más en su amigo que en él, era evidente que también podría sacar una buena tajada de cualquiera de las dos opciones que tomará o quizás pensaba quedarse con toda la empresa. Más adelante.

Al poco rato de haberlo llamado llegó Gilberto muy ofuscado, él también se sentía tenso desde hacía una semana, esperaba que Glauber apareciera en cualquier momento para vengarse por su traición, su estado de zozobra no lo dejaba en paz ni un solo momento. No dormía, y esperaba lo peor, no entendía a donde fue a parar Glauber, habría preguntado a todos sus amigos y nadie podía decirle.

Así son las cosas, estaba en el camino de convertirse la mano derecha de un presidente que le debía todo, se merecía lo que tenía, y no ese bueno para nada de Glauber con su carita de niño rico. Se sentía privilegiado y seguro de Sr. De Sá, pensaba que el señor no tendría nunca como pagarle todo lo que había hecho por él, así que estaría toda la vida en deuda con Gilberto Rocha.

Al llegar a la oficina de la presidencia se sentó y tomó un café, el Sr. De Sá lo notó tenso y le dijo que se calmará que su hijo nunca diría que fue traición, no sabía hasta cuanto estaba metido en lo del arrebato de la empresa; esto para Gilberto no era del todo cierto, aunque nunca supiera lo involucrado que estaba en el complot en su contra, aún él no sabía lo que sucedió la víspera de la boda y seguramente el porqué se había marchado Glauber. Detuvo a De Sá en su charla y le recordó.
- Espero que tengas en mente eliminar lo de la empresa paralela, sabes que si él descubre esa jugada estamos perdidos, será mejor que la olvidemos y no deshacemos de ella aunque perdamos cierto capital. Fue buena sí algo pudiese pasar, pero ya se acabó.
-¿Estás loco o qué? – Gritó De Sá- ése no descubriría nunca esa empresa, cálmate, nada pasará, estamos muy bien protegidos, sólo algo me inquieta, eso que me contaste de Iberê husmeando los libros de balances, tenemos que despedirnos de él,  para poder quedar en paz. Debe ser retirado como alguna vez fue Glauber.
-Eso haremos- se acomodó el cuello de la camisa que llevaba, un calor se apoderó de él, sin saber el porqué. São Paulo se volvió bastante acalorado de repente. La ciudad se volvió pequeña. En su mente la traición se sentaba a conversar con su paz, una reunión a la que él no estaba invitado.


Sólo un día de viaje los separaba de São Paulo, Estas semanas pasadas viajando, fueron algo esclarecedoras, pero todavía era muy poco tiempo para Glauber, sentía que no podría regresar y enfrentarse a todos, necesitaba más elementos concisos con que hacer frente a maniobra que se armó en su contra y lo que realmente era suyo por derecho propio, su padre tramó esto desde hacía mucho tiempo, seguramente anhelaba quedarse con todo a la muerte de su esposa, pero no contaba que ella no lo dispondría así.

Por otro lado, estaba él regresar a donde Ligya se hallaba, no soportaría que viniera a pedir perdón por lo que había hecho, la odiaría aún más, llamaradas de rabia alumbraban su cara, así lo vio João, quien no podía creer lo que sucedía, sentado en la terraza del hotel frente a las playas de Copacabana, quería a Glauber y deseaba que saliera de este nuevo estado que lo tenía pegado a la computadora de manera desquiciante, mañana seguramente tendría que regresar a São Paulo, sólo debía esperar instrucciones para continuar el viaje.

Glauber maldecía y tecleaba cierta información que envió su nuevo amigo Iberê, se levantó de repente de donde se hallaba sentado y salió a llamar al teléfono del hotel, algo había encontrado, o así supuso João, bajó por el ascensor a toda velocidad y llegó a donde se hallaban unos ordenadores con conexión a la red, se pudo comunicar con Iberê, pero otro golpe le indicó que quizás las cosas se podrían peor, Iberê fue descubierto en los archivos de dirección  y podría ser expulsado de la empresa, Glauber trató de calmase. Pero era un poco difícil, todo de nuevo se desboronaba.
-…Pensándolo bien no importa, lo que vamos a investigar se requiere que estés fuera de todo esto, estoy seguro que ganaré de manera legal y no necesito usar ningún truco, con descubrir el desvió de fondos de la empresa a otra pondremos al presidente contra la pared y sólo le quedará entregar la compañía, pero es crucial que demos con dicho negocio, por hoy espero que te busque por los archivos de la ciudad céntrate en algo que de un indicio de que pueda pertenecer a mi padre.
-¿Quéee? Perdiste la razón podría pasar todo la vida y seguro no encontraremos nada, necesitaríamos algo más de ayuda para poder entrar a ello- respondió Iberê muy preocupado.
-No queda de otra, primero ve al registro para comenzar por allí, investiga todo lo que puedas, espero tu respuesta en la tarde- posterior dio el número del hotel donde se hospedaba, no quiso preguntar por Ligya, tenía que hacer todo lo posible por arrancársela de la mente, salió de allí, con nuevos ímpetus para lograr lo que se proponía, un deseo de venganza se apodero de él, pensaba en hacerlo pagar por todo lo vivido. No tendrán descansó alguno.

  João por su parte también  esperaba la llamada de sus jefes, no le gustaba esperar en un hotel lleno de lujos. Estaba más cómodo con su gente de pueblo, y sin embargo, estos no se manifestaban de ningún modo, no lo entendía pero esperaba que no fuese nada malo.

 Mientras tanto daba tiempo a Glauber a que regresará para salir, aún quedaban demasiados lugares a los cuales acudir, Río de Janeiro le agradaba excesivamente, le hacía olvidar que pronto regresaría a su frustrante vida en las favelas olvidadas por todo trato humanístico, su pensamiento volvió a una noche cuando enfrascado en una estupida pelea de pandilleros, cayó en hoyo en cual paso más de una semana sin saber si sobreviviría, sólo una mano caritativa pudo abrir la cloaca en que fue tirado para morir, recordaba al gentil panadero que lo salvó de una muerte segura y que tiempo después fue abaleado quizás por los mismos que lo abandonaron a su suerte, quién podía saber eso, nunca fueron capturados, no era personas de dinero los agraviados.

Afortunadamente esos años pasaron y hoy estaba sentado en unos de los lugares más agradable que nunca piso como si nada hubiese pasado, la vida era una maravillosa depuradora del dolor, la puerta se abrió y Glauber le dio una gran sonrisa, su corazón sacó de su mente los malos ratos pasados, ahora sólo le importaba el momento.

Pasaron el día de paseo por Rió, aunque no en los lugares que imaginó, se perdieron en la maraña oscura de Río, conocieron aún muchas bajezas del mundo y a lo cual aún reaccionaban con estupefacción.

 En la tarde regresaron al Hotel y João recibió respuesta del momento de su vuelta, aunque el mensaje lo inquietó algo. Se le pedía  que se quedará en Rió por lo menos por una semana más. Vacaciones obligadas según la nota del recepcionista. Él llamó de inmediato y la noticia fue corroborada, por una parte estaba feliz de quedarse más tiempo con Glauber pero por otro esperaba ver a su familia que lo necesitaba para resolver algunos problemas económicos, llamó a su esposa y contó lo sucedido, ella a duras penas lo entendió y le pidió que no se preocupara. Esto tranquilizó a João y fue a dar la buena noticia a su compañero.

Glauber se quedó pensativo, no podía eliminar su mente cooperativa y buscaba la razón por todo. Porque se le pediría eso, era todo muy raro para ser una  compañía, bueno no era su problema, tan sólo lo era él alegrarse por otra semana para poder pensar mejor los pasos a dar. Ese día terminó sin que Iberê se comunicara, Glauber pensó que quizás puso mucha esperanza en él. En la noche João y Glauber siguieron recorriendo la hermosa ciudad.

Al día siguiente día, el sonido del teléfono levantó a la pareja acostada en una blanca cama, Glauber tomó el teléfono, contestó, era Iberê que desde muy temprano lo llamaba para informarle las novedades.
-Espero que sean realmente importantes- reclamaba Glauber en el teléfono. Luego vio la hora en la que despertaba y no lo podía creer, no sabía hasta que punto su mundo cambio. Jamás en su en su antigua vida se pararía a esta hora.
-…Creó que nos descubrieron, Gilberto me halló con información del cambio de cuenta hecha en los últimos meses, he sido atrapado, inmediatamente vi a lo lejos hacer varias llamadas, si antes nos era imposible descubrir de que se trataba hoy, te aseguro, que es más difícil dar con lo que estábamos buscando, no son tontos  y algo temen.- le explicaba Iberê.
-Maldición, ¿No tienes idea de que puede ser, ni siquiera algo que pudiese servir? Por vago que sea, cualquier cosa es mejor que nada- se lamentaba Glauber.
-No, nada- luego se formó una pausa- aunque creo haber visto de reojo, algo con respecto a viajes de distribución, eso no es nada, nos hace más complicado, creo que debemos retirarnos.
-No-  gritó Glauber en el teléfono-no dejaré que me quiten lo que por derecho me pertenece, es sólo una batalla, no es la guerra que perdimos, seguiremos buscando, algo debemos obtener, hoy me regreso, no esperaré un maldito día más.
-Lo dudo, pero si te parece, así te esperaré- concluyó Iberê. -Nada puedo perder ya. Seguro esta mi liquidación lista.

Durante todo el tiempo João lo estuvo escuchando, no podía creer lo ofuscado que se encontraba Glauber, de impotencia pateaba la pared de la pequeña terraza que daba a la playa de Copacabana, se lamentaba, para él sólo el tiempo curaría las heridas producidas en su corazón,  en ese momento comprendió que quizás él ayudó a esta caída de Glauber hacía un pantano oscuro.

Tomó su camisa, se la puso al igual que el pantalón, si él estaba dispuesto a volver no lo pararía; desobedeciendo una orden dada dejaría la ciudad de Río, mejor sería así. Atrás quedaría los días vividos en el viaje, sabía que nunca volvería a lo que dejaban atrás. Se sintió mal, estaba seguro que al llegar a São Paulo acabaría con esto que sentía, y que él estaba seguro que era amor, se armó de valor.

-Hoy volveremos, allá, te acompañaré- dijo sin más y salió a buscar el gran camión, Glauber bajo la cabeza, y apoyó tácitamente la decisión, era imposible retardar su regreso, esperaba que nunca se acabara, en São Paulo tenían vidas muy diferentes. João su esposa, sus hijos, su familia y Él pues nada, lo pensó y se rió, allá no tenía más nada en que pensar, rumiar un odio que le haría mucho mal y que se convertiría eje central de todo.
 
Se vistió, y miró por última vez la playa, que tantos recuerdos traería, la inmensa sonrisa de João llenaba todo el lugar, esperaba no estar cometiendo otro error, tomó la maleta y bajo al frente del hotel, luego de un rato se impacientaba por que João no llegaba. Se turbó, atado a dos fuerzas; por un lado la idea de quedarse junto a João y por otro la idea de la venganza.

Caminó hacia la carretera, y miro allí un letrero le llamó la atención y en ella se observaba personas discutiendo por comprar un producto “x” se puso a pensar en cómo fueron tejiendo toda la red sobre él, la brisa soplaba con fuerza, y de nuevo cada una de las imágenes que desencadenaron su tragedia llegaron hasta él, Ligya a quien todavía amaba, a Gilberto que jamás perdonaría y sobre todo a su padre, si en verdad lo era, luego pensó –Villas-Lobos & Rocha, que los disfruten- el ruido del camión lo sacó de sus pensamiento con sus grandes letras en el trailer “Río do Lobos”, sus ojos se abrieron, no podía ser, quedó pasmado ante el posible descubrimiento que había hecho, su cerebro perdió oxigeno y calló tendido en el asfalto.

Cuando volvió en sí, João lo tenía en brazos, le daba en la cara, para hacerlo volver en sí,  luego que se levantó se puso en pie y buscó el orillo de la carretera para sentarse, João estaba visiblemente nervioso, lo levantó y lo llevó al lobby del hotel, le dijo que esperará y entró por un vaso de agua, al poco rato volvió, y le dio el agua.
-¿Qué te pasó?- preguntó João.
-Creo que hemos estado ciegos durante todo este viaje, quisiera que me digas ¿Cómo se llaman tus jefes?  
-Yo no trató con las grandes esferas, sólo con un supervisor llamado William, él me dio él camión y la ruta, tengo dos años  haciéndola- dijo João sin comprender la pregunta de Glauber.
-¿William qué?- preguntó Glauber algo molesto.
-no lo sé…luego se puso a pensar, su mente hizo un clip.
Mierda! tienes toda la razón,- lo pensó un rato y luego continuó- como pudimos ser tan ciegos y ahora ¿Qué vas a hacer?
-Llamaré a la persona que me ayuda, juntos los tres haremos que la empresa vuelva a mí.
-Y yo ¿Cómo puedo ayudar?- preguntó João sin poder entender que pasaba por la mente de su amante y amigo, sólo tenía cabeza para darse cuenta que quizás Glauber podría acabar con la estabilidad que hasta ahora había formado. Pero Glauber no respondió.

Durante el trayecto a una tienda telefónica cercana, no dijo ninguna palabra, miraba el camino y su mente revoloteaba, pensaba en sus hijos, en su familia, conducía al hombre que acabaría con todos sus sueños, porque él destruiría su trabajo y pasaría tiempo antes de poder terminar esta pelea, de nuevo a los basureros. miró de reojos a Glauber y lo vio riendo, más no era la sonrisa de felicidad que vio estos días, por primera vez en todo el viaje lo veía activo, sabía que  no era nadie para acabar con eso, pero también veía su mundo desmoronarse ante sus ojos, luego volvió a mirar a Glauber y notó sus ojos como una serpiente, no creía que ése que estaba a su lado era el mismo a quién recogió semanas atrás en medio de la lluvia a punto de suicidarse, trató de no pensar y se concentró en el camino que le faltaba.

Glauber estaba acomodando sus agenda, compró un celular y también hacía unas llamadas, abogados, la prensa y trabajadores de la planta de producción, por primera vez en muchos días su brillo regresó a él, los tenía a todos en sus manos, acabaría con la empresa paralela y por donde estaba a punto de acabar su capital, duraría algo de tiempo, pero al final ganaría.

Comenzó a llamar a varias personas, su abogado para concretar una cita, a un contador y otros más. De todos a los que llamaba el más contento que se hallaba era Iberê, se sentía responsable de todo lo que pasaba, también acomodaba la llegada de Glauber, darían la estocada final y nadie podría escaparse a su contraataque.
 
Antes de llegar deberían pasar aún por un pequeño pueblo escondido en la maleza, dejarían allí alguna madera a personas muy humildes a las orillas de un río,  aunque Glauber trataba de entender a João no podía, ¿era acaso que no le interesaba su pena? ¿No podía dejar esta entrega para otro tiempo? se sintió de nuevo contrariado por todo.

Varias personas que allí se encontraban se contentaron al ver al gigante que ahora no era peludo. Hicieron bromas sobre esto y bajaron la madera. Glauber no bajó nunca del camión. Sólo miraba la escena que le estaba retrasando.

Una furia se apoderó de Glauber, cuando João se subió le hablaba de su necesidad de llegar a São Paulo lo más pronto posible, sin embargo, esta vez João no lo escuchó, Glauber cruzó los brazos y puso cara de fastidiado, puso la cabeza pegada al vidrio del camión y se dispuso a esperar salir del pantanal por el que transitaban, su celular también quedo muerto y esto lo enfureció mucho más, no entendía como podía João hacerle esto, aún sabiendo que debía llegar  pronto para poner en claro las cosas.

La vegetación se hizo más espesa y pronto las ruedas del camión comenzaron a patinar hasta que no hubo nada que hacer, estaban atollados sin remedió.

Esta vez Glauber se puso más furibundo con una expresión diferente en su rostro, ya no era el joven que tenía todo bajo control y se llevaba según las reglas, se convirtió en una persona totalmente sombría diferente, bajo a toda prisa del camión, propinando maldiciones mientras se quedaba pegado en el lodo del camino, caminaba tratando de no hundirse pero era imposible, sus botas se hundían más y más hasta que cayó de bruces en el fango, allí se quedo impotente ante esta nueva calamidad, João lo halo de la parte media del  overol, como si de una maleta se tratara y lo sacó del fango. Fue caminando hacia una parte menos fangosa lo tiró ahí. Miraron el camión enterrado en el lodo y Glauber con mucha rabia comenzó a gritarle a João.
Maldita sea, nunca saldremos de aquí, estamos totalmente perdidos en medio de la nada, eres una maldita bestia, no tienes sesos…!- sus gritos aumentaban, a medida que se veía más y más imposibilitado, era evidente que no saldrían de allí en muchas horas, para colmo una lluvia comenzó a caer, Glauber aumentó los insultos ante un João que no decía ni una sola palabra. Sólo se metió de nuevo en el fango hacia el camión.
- ¿Qué te pasa?, ¿Por qué no dices nada?- le volvió a gritar a João, no soportó su serenidad, se le fue encima para golpear al exasperante sujeto que para él se había convertido João.

A pesar que golpeaba con fuerza la humanidad de João, éste no hacía nada por defenderse, como una mole esperaba que Glauber descargara con él toda la ira que lo envenenaba, luego de cierto tiempo Glauber se detuvo y calló sentado en el suelo exhausto por el cansancio y lo fallido de su intento. João con mucha calma siguió su camino al camión y comenzó a ponerle maderos a la ruedas, Glauber aún sentado veía como el mastodonte actuaba como si nada ocurriera, él se arrojo hacia atrás, puso las manos en la cabeza y se dedicó a recibir la lluvia que caía del cielo, lleno de rabia e impotencia.

El sitio donde se encontraba era un paraíso, grandes árboles, hacían una gran selva tupida, hojas en todas partes esparcidas por el suelo, un olor a humedad lo embargaba todo, el verde y el marrón del charco era el color predominante, allí Glauber se retorcía sin saber el porqué, aunque estaba a un paso de vengarse de todas las personas que paso odiando estas semanas, no se encontraba en paz, sentía un gran peso encima que lo agobiaba y que él estaba desviando hacia la terquedad de João, se levantó de donde estaba y notó que aún João hacía lo posible por salir de ese atolladero, movió la cabeza de lado a lado y se alejó del sitio, escogió ir por el matorral para tratar de aliviar su tensión, pensó que seguro era lo mejor. Deseaba encontrar un carro que lo sacara de allí y dejar al necio ocupado en su infructuoso trabajo de sacar el inmenso camión de fango donde se había metido.

Apartó de sí gran cantidad de plantas entrelazadas, y pronto halló un sendero que se perdía en el verdor, lo siguió. Sin embargo, tuvo que pararse súbitamente porque el mismo llegaba a un barranco muy acentuado, estuvo a escasos centímetro de caer por el precipicio; miró que tan pronunciado era, si hubiese dado sólo un paso más, un paso más largo, hubiese caído sin remedio y todo acabaría, nunca hubiese podido salvarse de semejante caída.  Desde donde se hallaba se observaba un Brasil extenso y pleno de luz, ante el espectáculo que se habría ante sí, se sostuvo de un árbol pegado a la vertiente, próximo a caer, pero paradójicamente se notaba que estaba  allí por mucho tiempo, respiró profundo y se sentó en una piedra pegada a este gran árbol, la lluvia cesó de repente y rayos de luz muy intensos llegaron hacia él, la inmensidad lo lleno de pequeñez y sus ojos se llenaron de lagrimas, su pensamiento fue ante una realidad; estaba a punto de destruir lo que hasta semana era su vida y las personas que decía amar. 

Maldijo y recordó porque se hallaba allí, hoy estaba respirando un aire que le fue negado por mucho tiempo, porque no sabía ni siquiera que existía, volvería a una vida que en nada se parecía a lo que conocía en esta gran aventura, volvería a ella, sólo que esta vez construiría otra vida llenas de nuevas traiciones y frivolidades que para nada lo hacían feliz, estaba en una realidad que no escogió sino que la venganza escogería por él. Sin tener el menor tiempo de preguntarse a sí mismo ¿Qué esperaba de la vida? ¿Cuáles eran sus sueños y sus metas?

Una brisa sopló y se asió más al árbol al hallarse envuelto de un vacío que repentinamente se abrió ante sí ¿Qué estaba haciendo en el mundo? ¿Cuál era su contribución? ¿Llevar a la cárcel a quienes como él, buscaban más dinero? Vengarse de personas que piensan como él. Detrás de sí la otra cara, un hombre que sólo esperaba que él fuera feliz a costa de su trabajo y la vida de su familia, para que se sumiera más en la negrura de una vida para el mal. Sin pedirle nada a cambio y aún así no estaba molesto porque pensaba que la vida no le debía nada. No esperaba nada más que ser feliz.

¿Y él que había hecho? Auto compadecerse por la tragedia sufrida, llenando todos los días de dudas, y cuando halló la solución que hizo, ¿le dio las gracias por haberlo sacado de la muerte? No, le recrimina  que continué con su vida, que estará ahí cuando él se halla ido. Trató con indiferencia a la persona que le salvó varias veces la vida y le enseño que el mundo tiene matices diferentes que vale la pena vivir, iba a convertirse en una imagen más cruel que su padre y seguramente en un futuro traicionaría también a su hijo, porque la vida se lo debía y esperaba que de esta persona se enamorara Ligya, no, ella esperaba a una persona que no tenía miedo de vivir y no de una persona que no sabía lo que quería, y ese era él.

Su corazón se comenzó a llenar de un fuego que quemaba, sus ojos se llenaron de lágrimas y se sentía un ser superior, porque ciertamente lo era, su alma alcanzó otro nivel y en él no existía espacio para el rencor, el odio y la tristeza de una vida vacía. En ese momento decidió dejar lo conocido y abrazar la nada. El sol brilló con más intensidad, la selva le brindó sus más crudos olores, la brisa estuvo más salvaje y él más vivo.

Se regresó por el camino y al llegar João se hallaba un lado del camino y el camión parado en la carretera  libre de la presión, él fue hasta él lo abrazó y le dijo:
-¿Sabes qué? Tenias razón, si voy  comenzar de nuevo quiero hacerlo con mis anhelos y deseos y no con los que otras personas pusieron en mí, ahora voy a llamar a Iberê y le pediré que detenga toda mi venganza, quiero ser feliz y no es por ese camino que lo lograré- abrazó fuertemente a João - Gracias por hacerme comprender que tengo mucho que dar- João lo abrazó sin comprender lo pasado, esperaba a un Glauber orgulloso y llenó de odio y regresó una persona totalmente diferente

¿A qué se refería? pensó, seguía sin entender lo ocurrido, pero no le importaba, le gustaba más este Glauber. Lo tomó en peso y montó en el camión, pudo darse cuenta que estaba más liviano que antes, seguramente había votado esa sobrecarga que traía, había perdonado y se había liberado del peso del rencor, juntos emprendieron el último tramo de su recorrido, el regreso a São Paulo una bulliciosa ciudad de más de veintiún millones de habitantes. Sólo que esta vez no había nada que los detuviera. Dos nuevos seres nacieron al topar sus almas acongojadas por dolores que eran diferentes pero que tenían una misma solución.

Antes de llegar le pidió pasar por un rió, así lo hizo João y se metieron a bañarse, estaban felices toda la tierra quedaba detrás de ellos, todo el sufrimiento se lo llevaba el río sin saber a dónde, quizás su destino sería la nada. Éste sería quizás el último lugar que pasarían juntos, pero no le importaba porque estaban pagando al mundo y él tampoco le debía nada. Sí muriese ahora moría sin cosas pendientes, ajeno al mundo, ajeno a la miseria del ser humano. Morirían felices.


Un ser renace


Pasado el tiempo, Iberê caminaba por la nueva empresa que junto a Glauber formaron, un gran edificio servía de base a un imperio creado de la nada, y que ya todo el Brasil conocía, las empresas “Glauber De Sá”. Su presidente sentado en la cúspide de su oficina miraba por la ventana el São Paulo que para él tenía otra cara, miraba los barrios pobres, las laderas ricas y los de clase media con una sola mirada, sin que para él fuera ajena sus realidades, cada uno sobreviviendo sin más, con problemas existenciales, cada quién, el pasado no le importaba, el perdonó y en su alma, su espíritu no albergaba rencor alguno, durante estos dos años que pasaron desde lo sucedido nunca volvió a hablar de ello.

Su padre consumido por la codicia se encerró en su empresa, temeroso de una nueva traición. A pesar de querer él acercarse nunca pudo reconstruir su confianza, por más que le decía que ya lo había perdonado, éste sólo podía ver en él un sujeto que podría vengarse de alguna forma, una persona que rumiaba un rencor por una vida que nunca fue justa con él.

Consumido en su irritación se apartaba cada vez más de todo, el acumular se hacía constante en él, no era infeliz, era cierto, pero realmente feliz tampoco lo sabía, tenía demasiadas cosas que hacer como para darse cuenta de eso. Un pago aquí, una reunión allá, un despido de una persona que representaba una amenaza a su imperio. Estaba en la cúspide del mundo cooperativo, vivía para el dinero y el dinero para sí. Su cuerpo fue cambiando, su expresión también y ninguna persona lo quería al lado.

El nuevo Río de Lobos era diferente, porque las barcaza que transitaban por él temían perderlo todo. Poco a poco, esta conducta se hizo evidente en todo el cause, la empresa comenzó a decaer estrepitosamente, pero aún así se lograba mantener. El padre de Glauber nunca volvió a casarse; así que para su desconsuelo toda la riqueza pasaría algún día a su único hijo.

 Con Gilberto tampoco habló más, supo por alguien que había sido despedido de la empresa de su padre, en su afán de librarse de todo lo malo, no sabía que se había hecho, quizás algún día sabría de él. Se volvieron personas totalmente distantes. En un pasado estaba el ser quien fue su amigo y le enseñó sobre chicas y el vivir bien. De Ligya algunas veces alguien se la recordaba; pero no la vio más y pronto la olvido.

Su mundo de color se abría ante él. Llegar a él era tan fácil porque parecía comprender y escuchar a todos. No temía perderlo todo, ya lo hizo y se recupero porque entendía que la verdadera riqueza radica en nosotros mismos y ella difícilmente podrá arrancarse o perderla, porque no hay nada que perder sino todos los días algo que ganar, no se acumula se trasforma dando nuevos matices.

El caos es producto de una situación mental de negarse a cambiar algo que a su vez se niega al quedarse estático, el poder de arriesgarse a aceptar ese peligro requiere de valor y de un grado de crecimiento interno que muchas veces se carece o simplemente se está muy ocupado para verlo. Entendió a su madre y la perdonó, entendió a su padre y espero que fuese feliz. Entendió a Gilberto  y Ligya, no era que aceptaba sino que daba la libertad a cada quien de equivocarse y de poner en sus vidas el complemento que los hará crecer en la dirección que desea.

Esta mañana un único pensar ocupaba su mente, una vez cada año se despedía de la empresa,  sin temor a perderlo todo y se disipa por un mes completo, nadie sabe a dónde va ni porque lo hace, ni siquiera su nueva novia sabe que tiene en la cabeza. Únicamente él lo sabe el porqué de estas vacaciones. Mientras ve por la ventana se emociona cuando hasta sus oídos llega el sonido del silbato de un camión, conducido por el líder de transporte en su compañía, para Glauber este sonido suena como una gran bazucada brasileña llena de tambores y güarimbas.

Apresuradamente baja de su mundo de cristal y cemento despojado de su traje y vestido con un overol azul manchado y pertrecho, luego se pierde entre la gente hacia donde lo espera, João, su más grande amigo y jefe de su flota de transporte,  para empezar de nuevo una nueva aventura, pero esta vez la de vivir. Recorriendo ciudades y pueblos, conociendo personas maravillosas y otras no tanto, el matiz que llena de emoción su alma colmada de felicidad y sin nada porque arrepentirse y nada porque quedarse atado. Ahora el mundo le pertenecía y lo mejor era que él le pertenecía al mundo, sin ningún peso a sus espaldas. 






4 comentarios:

  1. Felicidades por culminar este proyecto !!!!!! me gusto mucho la novela así que espero ver mas de tus historias !!!!!!! éxito !!! :)

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  2. Gracias de todo corazón a ti por seguirnos, por tu lectura, tus opiniones acertadas y sugerencias, espero que nos sigas en la que viene llamada "Historias Oscuras" seguramente el 6 de Junio saldrá el primer capitulo... Gracias.

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  3. Entre todos nuestros años en algún momento de nuestra vida, hemos deseado tener a alguien como João que nos ayude a salir de la oscuridad y tener de quien apoyarnos... muy bonita la historia!!

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    1. Uff, si, si, es lindo João, estuvo dispuesto a perderlo todo por luchar por lo que el consideraba justo... nuestro protagonista volvió a creer en el amor, en las personas y en una vida justa... perdono a su padre, su novia, su amigo y a él mismo... amé ese capítulo del árbol junto al destino... saludos Luis...

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