8. Viejos combates



 El entrenador estaba en conversaciones con el entrenador de Michael, toda la semana estuvo programando un encuentro con su apoderado,  era un joven bastante extrovertido y seguro de sí mismo, cuando fue  a verlo se hallaba practicando con una pera de boxeo,  al frente de un parque, el entrenador se sentó a su lado.  

Michael lo reconoció, algo le dijo que ese era el entrenador de su rival, pero no le importó mucho, estaba muy concentrado en su actividad, luego tuvo que parar.
  -¿Qué te trae por acá? ¿Me espías?
-Nada- respondió el entrenador- estoy tratado de investigar cómo estas de condiciones para el encuentro. 
-Estoy bien, - continuó dándole a la pera- no tengo problemas seguramente a su inusual discípulo lo pulverizaré, he sabido que ha estado muy deprimido después del secuestro… pero eso a mí no me importa. 
-No te puedo mentir, -sintió un puntillazo en el corazón, era difícil ocultar el estado de su pupilo- ha estado un poco cabizbajo, pero está en forma excelente después de pasar sobreviviendo varios meses por sí solo y por supuesto más maduro y jugando como nunca. No representas ninguna molestia para él, así que retírate ahora, no quisiera que recibieras una humillación delante de todos.

 -Ese día va haber alguien humillado y ese no seré yo, se lo puedo asegurar, ese será su apoderado, lo hare morder el polvo- dijo el enemigo dándole más fuerte a la pera y lanzando un grito.
-Veo que la disciplina no es algo que te caracteriza, no me cabe duda que ganaremos- sonrió el entrenador.
-Para ser alguien de edad es bien arriesgado en venir acá a decirme eso. Cuídese porque después que acabe con ese tenista  no tendrá nada que decirme.
 -Eso lo veremos, eso lo veremos, ya verá quién ganará y nada podrá evitarlo. – la tensión entre ambos era evidente. 
Siguió practicado sin prestar atención  a nada, no perdería concentración por esto, cuando vio al entrenador irse metió un golpe a la pera muy fuerte.  -Ya veremos -se dijo.  
Michael no recordaba mucho de la estrella local, lo había visto en algunos torneos de mucha calidad, él recién había escalado lugares en la tabla de posiciones, así que era la primera vez que se enfrentarían. Luego lo pensó mejor, -si ha venido a acá es que no está muy seguro de ganar. Creo que también haré una visita a François, algo pasa acá,  seguro es algo grande, quizás no quedo muy bien el joven después de su secuestro.  
Tomó sus cosas y se fue al club a practicar. Necesitaba estar en forma para poder ganar.   No recordaba gran cosa del secuestro. No le dio importancia en las noticias, se arrepentía de no hacerlo.
El entrenador no estuvo muy  contento con la entrevista, no se había controlado sino que él por el contrario había perdido el control. Era un joven impetuoso que tendría que tener en cuenta.
  Pero qué podría hacer. Era la verdad en esas  condiciones que se hallaba el joven tenista François no podía retarlo a nada, estaba demasiado deprimido, algo lo atormentaba, quizás el trauma del secuestro fue mucho para él. Según le habían contado pasó momentos muy desagradables. No entendía nada, nunca fue una persona de analizar aspectos psicológicos y no empezaría ahora.  
Quizás la respuesta estaba en el lago, que hacía en ese hangar, tal vez extrañaba al piloto, fue la única que estuvo con él todo el secuestro. Tendría que suspender el encuentro, aunque lucharía por no hacerlo hasta el final.  
En su cuarto el joven François repasaba en su mente que haría para salirse de esa situación, llegó a la misma conclusión que llegaba el entrenador lejos de allí, tendría que suspender el encuentro, ver al piloto  y que le diera una explicación de esto que estaba sucediendo; porque había pasado tanto tiempo y  no lo había querido ver. Él se estaba desangrado por dentro.  
Todo ese día se lo pasó preparando las maletas, iría a ver el piloto donde quiera que estuviera. Eso le daría la fuerza para salir de esta depresión que se encontraba y podría al fin continuar con su vida.  
Habló con el entrenador y le dijo que estaría fuera una semana, del encuentro ni hablar, a los que este se puso furioso gritó como nunca, este encuentro era personal y no podía dejar detalle sin arreglar, pero le aseguró que al regresar entrenaría como nunca. 
 No pudo hacer nada igual perderían si seguía así. Tendría que viajar, descansar y reparar lo que sea que estuviese mal, muy a su pesar le dio el permiso.  



 La ciudad era muy grande pero con su ahora amiga, Rosa, no fue difícil encontrar la dirección. 
Se detuvo al frente de la casa que ahora ocupaba el piloto, una joven muy bonita vestida de negro, le abrió la puerta, fue el primero de muchos golpes para él. 
Preguntó por el piloto. Ella reconoció al apuesto joven que se perdió junto a su novio. No hizo caso a su pregunta y lo invitó a pasar, ella era la novia, el tenista no entendía de lo que se trataba.
 Hablaron de cómo se encontraba y que lo traía por allí, él sólo se movía de manera nerviosa no respondía a sus preguntas, ella se asustó al verlo así, tendría que llamar a su familia, seguro estaban preocupados por él,  ella le ofreció un café, y fue  a la cocina a prepararlo, lo vio realmente consternado.
Cuando ella hubo marchado, apareció el piloto y se sentó junto a él, le preguntó como estaba, el joven no podía comprender la frialdad con que el piloto le hablaba. Todo iba de mal en peor. Si hubiese podido  llorar allí lo hubiese hecho, su corazón galopaba como un potro, sentía que las paredes lo apresaban. Ella regresó de la cocina y el piloto se fue antes que ella llegara.  
Después de un rato de conversar, ella le mostró el anillo que traía puesto, fue lo último que le regaló el piloto antes de salir para el viaje. Quizás acaso un disparo en el corazón le hubiese dolido menos, pero se vistió de orgullo. Él vio una excelente oportunidad de hablar. Ella se fue a la cocina y el piloto apareció nuevamente.  
-Quiero hablar contigo… a solas.
-No puedo hacer eso, mi futura esposa esta acá y no puedo decirle que se valla.- el piloto hablaba y miraba el corredor por donde pronto vendría su adorada.
 -Entonces vamos a salir de acá necesito hablar contigo ahora mismo.- Sin quererlo sus ojos se llenaron de lágrimas,- estoy desesperado.

 -Está bien- fue la respuesta del piloto. 
La novia salió con el café y se extrañó que el tenista se fuera dejando la puerta abierta.
Pronto salieron, caminaron por la calle y llegaron a una plaza cercana, llena de niños y  personas sentadas o tomando en los diferentes cafés que rodeaban la majestuosa plaza. Los dos caminaron y se sentaron en unos de los bancos que daba a un hermoso rio.  
Ninguno de los dos quería comenzar a hablar. Mas el dolor se asomó por los ojos y por la boca.  

¿Que es todo eso que te vas a casar? – Preguntó el tenista-  ¿Por qué te vas a casar si estaba esperando que vinieras por mí? ¿Por qué nunca lo hiciste? Que error cometimos…  Paso tiempo hasta que el piloto pudiera mencionar alguna palabra. Al fin lo hizo:
 -Cuando estaba en esa isla tenía quizás más miedo que tú…
En este punto el joven gritó: -No quiero que lo digas, porque vas a decir eso, acaso no sientes nada por mí. Porque decías que me amabas si no era así.- Las personas a su alrededor comenzaron a ver  en dirección a donde el joven gritaba, pero al joven poco le importaba su corazón se desangraban y nada podía hacer por evitarlo, nada podía hacer por evitar que fuera así.
-Dijiste que esperara por ti y ahora me dices que se acabó, que todo fue una confusión. – el tenista se levantó, todo su mundo giraba alrededor.  
El joven se sentó en el banco, a pesar que era el mediodía sentía un frio que le helaba los huesos, veía al piloto y recordaba la isla, todo lo vivido, lo miraba y no quería que se fuera, él se sentó a su lado, las personas pasaban a su lado y miraban a un joven solo haciendo gesticulaciones en el medio de la plaza. Quería parar el tiempo  con los ojos de él en su mirada, no quería que se fuera. Hubiese podido cambiar el mundo. Tan sólo por él. 
-Veo lo que dices por que recién pasó lo nuestro pero me olvidaras y encontraras alguien que llene realmente ese espacio y ese… no puedo ser yo, quisiera que fuera mujer pero eso lo sabrás tú. Perdóname, puesto que no podré vivir tranquilo si sé que sufres, te extraño tanto como tú, quisiera estar contigo siempre y por siempre, pero eso no puede ser puesto que te confundiría acaso más y más. Si quieres podemos ir a un hotel; pero no puedo hacer por ti más nada.  
-No puedo comprender lo que me dices, yo te amo, ¿un hotel? –el tenista se levantó y salió corriendo no quería parar estaba destrozado, no quería mirar atrás.  
Terminó sentado en una parada de bus, llorando sin importar que la gente pudiera verlo, que las personas pudieran verlo llorar. Caminó otras calles, en una tienda de mascotas compró un pez de color rojo, lo llevó consigo.  

 En el avión aún continuaba llorando abrazando al pez, todo se acabó.  
Al llegar todo le pareció desolado, no había nadie en el mundo que comprendiera su dolor. Sus padres estaban preocupados, la novia del piloto con quien fue secuestrado habló con ellos. Le explicó que François preguntaba por el piloto, estaba ido completamente, con ojos perdidos. Ellos sintieron alivio al verlo llegar, pero ya esto escapaba de sus manos.
Los padres no quisieron interponerse, hablaron con el amigo,  pronto este estuvo con ellos, pero aunque estaba con él, no sabía qué demonios le sucedía, estaba tirado en la cama llorando. 

 Para François estaba de nuevo náufrago y solo en una sociedad que no podía comprender su dolor.  Necesitaba escapar, pero enajenado sucumbía.
En la noche salió con un cobertor y su pez, los padres no preguntaron que podía ser, quizás ya lo sabían; tanto que cuando un sujeto de apellido Puppé llamó no dudaron en contestar donde se hallaba.  
Tirado en el muelle arropado  aun con los ojos llorosos miraba el cielo y una luna inmensa que   reflejaba su luz en el lago. Llevándolo nuevamente a la isla, era demasiado cruel para él.  -Hola- escuchó a su lado. Se levantó de inmediato sobresaltado. Frente a él, un sujeto de buen aspecto con el pelo medio y una amplia sonrisa, acento extraño. -Me dijeron que estabas pasando un periodo de depresión pero no sabía que era tan intenso. Tienen los ojos hinchados.
 -¿Quién eres? tu cara se me hace conocida, pero no puedo dar con ella, - aun sus ojos estaban húmedos. -¿Me conoces?- preguntó
 -Sí, nos hemos visto algunas veces  pero no en las mejores condiciones.
-Eres el tenista Michael, claro, perdona supe que habías venido desde hace una semana para practicar y  yo ahora suspendí el encuentro. Perdóname, pero, aunque me cueste aceptarlo, tal como vez no estoy muy bien para jugar.  
-Sí, pero igual me estoy preparando para otros, sabes cómo es esto.
-Y viniste a esto.  –preguntó el piloto algo consternado.
-No, realmente quería conocerte.  Y ver como estabas, presentía que algo pasaba– respondió Michael.
-Lamento que me encuentres en este estado.  Pero estoy pasando por una situación difícil que me mantiene muy triste.
 -Eso me dijeron, puedo sentarme acá contigo, si quieres, -la brisa soplaba.  

 Estuvieron hablando del tenis y el tiempo pasó muy rápido. La anoche avanzada le sugirió que debía dormir, el enemigo se quitó la ropa quedándose en bóxer le pidió un puesto en su bolsa de dormir, posteriormente sin esperar que él le dijera nada se metió adentro del saco de dormir, se volteó y en poco tiempo estaba dormido, la luna brillaba y al joven le parecía todo muy irreal.  


Si le hubiesen dicho que estaría acostado con el enemigo en el  muelle cerca del hangar del piloto, no lo hubiese creído, estaba aún triste y sin poder aceptar las palabras del piloto, sentía el calor del enemigo, tranquilo como si nada estaba allí. 
Muy corrida la noche Michael se despertó y vio la figura de François sentado en muelle aún lloraba, se levantó y se fue a sentar al lado suyo, no dijo nada estaba allí ausente, pequeñas gotas cayeron, era preciso guarecerse. Nada podía hacer, seguía allí ajeno a la lluvia.  
Arreció más la lluvia, pero esto no hizo mover al joven, el enemigo lo tomó y lo llevó a un lugar seco.  Colocó el saco de dormir y se metió, hacía mucho frio. En pleno aguacero, François se salió del saco de dormir, se metió bajo la lluvia y quedó mucho tiempo allí, hasta que volvió, se acostó al lado del enemigo, este lo seco y metió dentro del saco. 
La mañana los encontró durmiendo dentro del cobertor en donde había pasado la noche, Michael fue el primero en levantarse hizo unas llamadas, prendió una fogata, pescó unos peces y se dispuso a asarlos, con llamados levantó al joven quien se levantó de muy mala manera.
Comidos y vestidos, a media mañana, decidieron irse, el joven puso algo de resistencia pero luego accedió. Fueron a la casa.  
Ya en casa el joven se acostó nuevamente en la cama no quería salir de allí, no quería ni que le hablaran, pretendía quedarse allí, toda la vida si era posible, su alma lloraba por todo el dolor sentido, era irreal para él encontrarse en esa situación. No solo era molesto sino incomprensible, no podía entender cómo pudo envolverse en esta falsedad. Que mala jugada del destino lo hizo quedarse como muerto. Que lo hizo estar así.   
El tiempo paso y aún a la semana se sentía deprimido, lloraba a intervalos sin que nadie pudiera saber por qué lo hacía, el entrenador sugirió que no podía ser un remanente de la aventura que había vivido, así que esperarían que pasara. Luego de un mes se levantó tomó su raqueta y se dirigió a la cancha.  

Estuvo jugando todo el día sin descanso, al otro día lo mismo, parecía que no pararía nunca jugó como nunca, por varios días seguidos el fin de semana debía descansar, pero le pedio a Jean-Paul que lo acompañará.

Pasó comprando kerosene en una  gasolinera, Jean-Paul se puso alerta, no sabía que haría, -Voy al hangar- dijo.
 -Otra vez vas a ese lugar, ya no me gusta tanto la idea de acompañarte. – el amigo pensaba en millones de cosas.
-Si quieres no vas pero yo iré. 
Fueron los dos allá, tomó el bidón y roció todo el pequeño hangar y con un cerillo  lo encendió, se colocó en el otro lado del lago y observó cómo se quemaba lentamente, hasta que empezó a estallar algunas cosas a intervalos, el fuego lo arrasó todo, lentamente se quemaba y quemaba sin que pudiese o quisiese hacer nada. Con el fuego se acababa su historia de amor. Su aventura de amor. Con el fuego decía adiós a la falsedad que fue su vida pasada.       

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