Apareció de la nada, los mercenarios quedaron estupefactos, desde la
cueva no lo habían visto, pensaron que había muerto, pero allí estaba, sereno
caminaba hacia ellos.
-Los llevaré al sitio donde está lo
que buscan, lo encontré, pero debemos ir todos, es difícil sacarlos de
allí.
Los mercenarios gritaron de júbilo, pronto abandonarían la isla de los
ocho quedaban solo cinco, el joven no quería pensar lo que sucedió con los
otros, amontonados en un pila, yacían, en lo que se convirtió para ellos el
último lugar que visitaron, pero no debía ser débil, no pensaría en más nada.
Escaparía, sin miedo. En su cara la
determinación para acabar con todo.
Uno de los cinco sujetos quedo en la basé, otros cuatro siguieron al
joven. Todos querían participar de la búsqueda no confiaban los unos de los
otros. Siguieron la extraña caravana…llevaron explosivos, esperaban hacer más
grande la entrada y poder extraer el valioso botín.
En la cueva los cuatro mercenarios,
se pusieron sus trajes de buzos bajarían con el joven. La alegría por encontrar un rico botín los
tenía eufóricos.
El sol alumbraba con fuerza en la improvisada base de los mercenarios, el
cuidador, estaba despreocupado solo esperaba que regresaran con los diamantes
para marcharse.
No sintió el golpe venir, al despertar estaba atado a una planta de coco,
colocado al frente el fotógrafo, encendía un cigarro y decía… -Vaya, creo que hasta acá llegó tu aventura
en la isla.
-No escaparas de acá, te haremos picadillos,
-y señaló a los cuerpos apiñados en la arena.
-Bueno desde donde yo lo veo, no
creo que podrán, nos iremos los tres de acá…y pronto la policía lo hará por
ustedes.
-Mis amigos mataran al chico,
apenas le digan dónde está el botín. Así
que vete olvidando de salir con vida, te cazaremos y al igual que él te mataremos.
-Jajaja,- rió irónicamente- tenemos un as bajo la mano, otro que nos
ayudará, el elemento sorpresa y que no lo verán venir, el piloto, quien
acompañó al tenista, pues está esperando en alguna parte de la isla. –dijo
sin dejar de fumar Laurent.
-jajaja, - rió de buena gana,
ante la locura del sujeto que sostenía el arma- solo como espíritu desde el mundo de los muertos, pudiera ser…el
piloto murió en el avión camino a la libertad, hace ya mucho tiempo, no
sobrevivió, murió en el aeropuerto una vez que dejó el chico en tierra, todos
hablaron de eso… tu amigo está loco,
perdió la razón, Alain está muerto y aún él está esperando que vuelva. Su cerebro no lo asimiló.
Laurent quedó fuera de sí. como un rompecabezas, el engranaje que hacía
falta a una gran maquinaria, y que
comenzó a girar de manera inmediata, todo cobraba sentido para él, la ausencia
del piloto, François estaba siendo víctima de una mala pasada de la mente, el
piloto murió en el avión, y allí estaba François con los mercenarios solo y a
punto de morir.
Su mente trabajo a mil por horas, una angustia se apoderó de si, no lo
soportaría, poco le importó el mercenario atado a la palmera, corrió al bote lo encendió y a toda
velocidad se dirigió a la cueva de los grandes peces.
Adentro de la caverna, los
mercenarios colocaban explosivo en toda la cueva, estallarían la cueva una vez
que saliera el joven con los diamantes, se sumergieron, los cinco y sortearon
las primeras cuevas.
El joven nadaba con los buzos quería llegar a la bifurcación para poder
escapar, pero sería imposible, los mercenarios estaban a su lado. Hizo un
repaso de las horas pasadas en la cueva, de lo vivido, las horas junto al
piloto, y recordó al fotógrafo, esperándolo en algún lugar allá afuera, no
escaparía, esa cueva seria su muerte, estaba ligada a ella y en ella moriría…
pero el buzo, Laurent si lo haría, él sí podría escapar de esta isla para
siempre. Sólo debía explotar todo y acabar.
Su mente se detuvo, y salió del laberinto, recordó todo, sus ojos se
llenaron de lágrimas, en su mente el piloto sentado en el avión desangrándose,
mirando el infinito, y la última sonrisa que le dedico, antes de morir, con el
avión en la pista, lo abrazó y lloró…estaba muerto y ahora él lo haría.
Se puso cercano al buzo que traía
el detonante lo accionó y en fracciones de segundos, una sombra paso a su lado,
la mano del piloto como una figura muy tenue y sus voz- desde la muerte- sonriéndole y se asió duro a esta, un gran pez lo
llevo por cuevas…antes que se produjera todas las explosiones y toda la cueva
desapareciera sepultada por el techo.
Afuera el fotógrafo llegó junto cuando la cueva explotaba...con lágrimas
en los ojos supo que todo estaba terminado… dirigió el bote lo más cercano que
pudo, sombras pasaban a su alrededor, los grande peces salían de la cueva,
respiró al menos ellos estaban a salvo.
Una sombra emergió de lo profundo, con lo que parecía una estrella en la
mano, el gran diamante rosa, se dejó ver primero y detrás sujetándola con
fuerza, François con una gran sonrisa…airoso daba la bienvenida al
oxigeno…estaba libre, se subió al bote y abrazó a fotógrafo. Los dos
lloraron...pero todo había
terminado.
En la isla hicieron un tumulto de rocas en donde colocaron una cruz, el
tenista lloraba, era cierto, allí estaba la presencia de su amigo y compañero,
en esa isla quedaría para siempre, su vida estaba empezando una nueva etapa,
ahora el control lo tenía él, la fama no le importaba, la gloria le aburría,
ahora solo quería sentirse llenó de sí mismo, empapado de su porvenir,
disfrutando cada momento, sin dejarse arrastrar a la deriva por un supuesto,
quería sentirse lleno de vida, anhelaba empezar de nuevo, sin más miedo, ni más
mentiras, el fotógrafo lo abrazó y dio un beso en la boca.
El viento sopló y en la
lontananza el sol se ocultaba, subieron al bote y partieron, un futuro los
esperaba juntos para siempre. Devolvieron en botín, incluso el diamante rosa,
las autoridades atónitas antes el desenlace de un caso que se creía acabado.
Toda la prensa de nuevo rodeaba al tenista quien regreso de la muerte, pero esta vez explicó realmente lo que paso,
aún sus ojos se llenaban de lágrimas al recodar al piloto, pero la verdad
brillaba como ese diamante rosa, lo que se convirtió en un símbolo de la vida
sin mentiras, pronto se casaría con Laurent con quien era inimaginablemente
feliz como nunca pensó serlo. Su vida había comenzado.
Se vio rodeado de muchas personas
que pensaban como él, que lo entendían,
todo en su vida cobró sentido, era gay, era feliz y su vida había escapado de esa isla del pensamiento,
de sentirse solo en un mundo que aísla y que nos vuelve náufragos.
Fin




