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5. La Negativa.


Coroline se hallaba pensativa sentada en su escritorio, tendría que moverse muy serenamente si quería mantenerse a la cabeza del departamento, este sujeto la inquietaba, sentía algo de nervios por la manera que se tomaba las cosas, y no era porque estaban mal ni bien, solo era porque, y aunque le costaba aceptarlo,  le agradaba la forma que lo hacía, el único inconveniente; su extraña personalidad, era algo apático, aunque preciso en todo, tomó un bolígrafo de su escritorio y sin percatarse estaba escribiendo su nombre.


Esto también la molestó, esperaba que sólo fuera una ilusión pasajera; enfrentar el hecho que pudiese estarse metiendo en la vida de una pareja era complicado para ella. Su matrimonio terminó por esta razón; así que esperaba no cometer el mismo error, sólo que ahora ella como causante de todo. Estaba volando de nuevo por una serie de ilusiones. En este estado de letargo y cavilación, llegó Richard con la solución a su dilema.

-Tal vez tendremos un viaje hasta San Francisco- dijo sonriéndole la hermosa mujer-, debemos investigar la posible conexión entre los pasados hechos y los nuevos, aunque no queramos verlo así, esto nada tiene que ver con ventas de fetos, es algo mucho más complicado, las jóvenes involucradas eran de personas adineradas y quizás esto es lo que nos tiene dudando un poco… Tenemos un pequeño problema, y escucha esto- aquí hizo una pausa grande, buscando las palabras exactas-. Nuestro compañero no le gusta mucho la idea, se puso muy nervioso y visiblemente consternado cuando le dije que iríamos allá. Hubiese deseado que estuvieras allí para verlo. Creo que conocemos el punto débil de Kurtain. Tiene una historia demasiado larga en San Francisco. Tan pesada que el solo mencionarlo lo enloquece y se transforma.

En este punto Caroline se quedó pensando, sabía que algo tenía que ver el hecho de que Hudson estuviera allí, su cabeza empezó a dar vueltas, no quería meterse en problemas que no eran suyos; pero poco podía evitarlo, creía tener la experiencia suficiente para solucionar este altercado. Era su oportunidad para investigar sobre este hombre tan enigmático para ella, no entendía que cosa podía volver rivales a dos amigos. Así que quiso ir más allá:
-Y… ¿Por qué piensas que puede ser eso? - preguntó a Richard.
- Creo sea por su divorcio, todo allá le recuerda a su esposa y ahora que está a punto de terminar su historia, debe, me imagino, ser molesto para él enfrentarse con su pasado. Aunque tal vez sea otra cosa. Lo vi realmente perturbado. Tanto que casi pensé que se desmallaría.

Esta respuesta no le satisfizo a Caroline, sino que por el contrario avivó su curiosidad, ella había pasado por un divorcio antes y en nada se parecía a un entierro. Se quedó observando la libreta con varias anotaciones hechas sobre varios aspectos.

Algo más debía haber y eso tenía que averiguarlo, el único que tendría la respuesta era ese tal Chris Hudson, antiguo compañero de Kurtain. Quizás lucharon por el amor de mujer, pensó; luego se rió al especular sobre esto, ese romanticismo empedernido la había llevado a su última ruptura y parecía que no se había curado del todo. Mas debía moverse con cuidado, no debía arruinar un posible romance entre Kurtain y ella. Buscaría la verdadera razón.

Hoy, sin percatarse, Caroline estaba más adornada que nunca, sus niveles hormonales le jugaban una mala pasada. A solo pocos días del arribo de Kurtain estaba perdidamente enamorada. Seguramente su temor a los hombres estaba desapareciendo en parte, buscaba una pareja que pudiese poner fin a todo lo que antes paso, o simplemente un desahogo a su vida llena de sin sabores.

-¿Dónde está él ahora?- dijo sin pensarlo mucho y revisando algunos papeles. Richard volteó rápidamente a donde ella estaba, esta indiscreción ponía en evidencia algo mucho más allá que un simple interés de su parte. Se sonrió.
- Últimamente se ha vuelto muy curiosa, agente.  Pero se lo diré, está en el rancho de ese sujeto, Allen, parece que están organizando una carrera para esta noche, me invitó a participar de copiloto junto a él, tiene un carro; antigua propiedad de Allen que lo quiere estrenar en uno de esos piques del rancho.
- ¿Autos?...  ¿Carreras?... –preguntó, quedó pensativa y, sin esperar respuesta de Steel continuó- ¿Sabes qué? voy a acompañarte; pero no le digas nada, por favor.- después de esto se quedó de nuevo absorta, a Richard se le ocurrieron miles de cosa que decirles, pero tenía miedo a su reacción. Esta era una faceta nueva que él no entendía muy bien, lo único que era cierto es que quizás estaba enamorada de este sujeto. Él pondría de su parte para que esto funcionara le agradaban los dos y merecían quizás encontrarse, sabía que no debía involucrase; empero eso no significaba que debía apartarse.     

 Mientras Kurtain viajaba, hasta el rancho de Allen, su cabeza estaba pensativa y ofuscada a la vez, nuevamente pensaba en Hudson, a pesar que la pasada noche se había propuesto no volver a pensar en ello no podía evitarlo del todo. Necesitaba hablar con alguien para aclarar lo que sucedía en su cabeza, estaba aterrado ante la posibilidad de regresar a San Francisco, el mantenerse alejado para siempre de Hudson fue su única prioridad desde hacía mucho tiempo y ahora podía hacérsele realidad la pesadilla de encontrarse nuevamente con su recuerdo y el dolor causado, no sabía que sucedería.

Luchó demasiado por convencerse de que ya lo había superado y que su amor por él estaba muerto. Temblaba por esta mínima posibilidad. –No iré- se dijo- debo ser fuerte y no ir-. Pero seguía con esta angustia que lo colmaba de zozobra. Sacó un cerillo de la guantera del carro y comenzó a masticarlo con los dientes, este comportamiento no lo había notado hasta ahora; era el mismo que tenía a Hudson, recordó lo que lo desesperaba esta manía, y ahora estaba él inconscientemente haciéndolo lo mismo. Con gran premura botó el cerillo por la ventanilla y siguió manejando.  Poco a poco se convertía en esta persona que le robaba el alma, su voluntad y, según parecía, hasta su personalidad.

En un punto de su viaje no soportó más y, detuvo el auto, se bajó y comenzó a dar patadas al aire, estaba furioso, furioso, furioso consigo mismo, esta mañana cuando Richard le asomó la posibilidad del viaje, se descontroló enormemente, pero, muy adentro de él sabía que eso era debido al miedo que tenía de que su vida fuera una mentira y que posiblemente su psiquis nunca dejó San Francisco al unísono que su cuerpo. No entendía, si todo estaba olvidado, porque el destino le jugaba esta mala jugada. Sabía que si lo veía pasaría de nuevo por todo el dolor sentido. Enfrentarse con sus viejos fantasmas, encontrarse de nuevo con todo lo que significo Hudson en su vida. Sentirse sin fuerza ante lo fuerte de su pasión.    

Tiempo después llegó al rancho de Allen, quien lo vio bastante alterado y quiso calmarlo, le dio la mano y dijo:
-Tranquilízate… ¿Qué tienes? Espero que no sea problemas con Caroline, ¡Esa mujer te va a sacar canas verdes si sigues sin enfrentártele de…! - dijo Allen, pero dentro de la cabeza de Kurtain ningún problema podía ocupar más espacio que Chris Hudson. Detuvo a Allen a mitad de su frase y le preguntó:
- ¿Podemos hablar en otro sitio?

Allen quedó paralizado, recordó la primera noche en la que llegó Kurtain, la conversación que los dos entablaron, en donde le confesó su amor por otro hombre, temía que fuera sobre esto que quisiera hablar. Desde que Kurtain regresó se habían hecho de nuevo muy amigos, y esperaba que lo de Caroline se hiciera realidad para poder salir de sus dudas. No obstante, parecía que esto no sucedería y él volvía a sus antiguas andadas. Le sugirió cierto sitio muy apartado en el que podían hablar y que además le gustaría enseñarle. Subieron al auto y fueron hasta allá.

Llegaron al término señalado, era una extraña plaza al lado de un corral pequeño, seguramente algún lugar para practicar la monta de toros o caballos salvajes, estaba al lado un tanque de agua que, en las alturas, amenaza con derrumbarse de un momento a otro y más allá un molino de viento giraba muy lentamente. Allen comenzó explicándole que algún día quería montar una fábrica aquí mismo, en donde él procesara su carne en productos de larga duración, Kurtain miró el sitio y no se imaginaba una fábrica en ese lugar, algunos toros se veían en el firmamento pero del resto más nada, Allen le siguió explicando de como ampliaría el lugar en un futuro e incluso barajaba la idea de internacionalizarse.

Para Kurtain era una verdadera locura, pero sí pudo montar la cría de cerdos allá, esto no le sería muy difícil. Caminó hacia un árbol solitario al cual el viento había moldeado dándole una forma de parecer estar abatido por un huracán en quietud, al igual que alma.

En algún momento de su exposición Allen calló, vio a Stephen apartarse hacía ese árbol pegado a la cerca, se acordó la razón por el cual vinieron a este lugar, estuvo un momento en silencio y esperó que Kurtain empezara la conversación, sin embargo, no podía hacerlo, estaba al punto del colapso, solamente apartaba la arena con su zapato de un lado a otro ausente de todo. Allen entendió y comenzó a hablar ante la negativa de Kurtain de hacerlo.
-Cuando te conocí –comenzó Allen- disfrutamos aquel beso que para mí fue importante, pues en esos días sentía algo bastante grande por ti, podría decirse que era amor. Al verte de nuevo acá supe que, tal vez fue así pero, estaba equivocado, yo esperaba que para ti fuera igual que para mí. Seguramente quería verte feliz al lado de una mujer que te quisiera y que tú quisieras; tanto como yo a mi esposa, - Kurtain continuaba sin hablar- hemos compartido más en estos días que todo el tiempo aquella vez; cuando te veía entrenar en los carros y reías, quería que nunca volvieras a pensar en aquello. Pero… ¿sabes qué?

Pienso que soy egoísta en mi percepción, no puedo estar con un hombre porque sencillamente no sería feliz, me ahogaría y quizás tú también sientes lo mismo - en este punto, sintió que estaba perdiendo a un gran amigo, no podía vitarlo-… y yo no puedo verlo así y según veo tu tampoco lo sabes, porque percibo que sigues encerrado en un mundo en el cual, y me perdonas si me equivoco, no eres feliz.

Allen se detuvo un momento, para dejar este punto a la vista de Kurtain- a medida que has ido superando tu divorcio con Alissa un vació se apodera de ti y que seguramente es esta angustia que te envuelve y que, seguramente; aunque trates de evitarlo, hoy traes hacía mí, - Allen miraba a Kurtain esperando ver en su rostro cualquier expresión, pero era inútil, sólo escuchaba –veo mejor que tú, que debes aclarar eso de una buena vez, ya no somos jóvenes, debemos entender las cosas tal como son y enfrentarlas, tomando una decisión. Las mujeres no son tontas Kurtain, lo que yo descubrí en pocas semanas, tú esposa ha debido saberlo por tantos años, seguramente te alejaste de ella hace ya mucho y este es el resultado. Quiero hacerte una pregunta y quiero que me contestes con la verdad ¿Tú aún lo amas? ¿Qué maldita sea sientes por él?

Kurtain caminó hasta la cerca y se apoyó en ella con los brazos sobre la madera, bajó la cabeza para poder pensar, la vasta llanura se extendía solitaria y casi sin vegetación y así estaba su corazón, nunca estuvo tan solo como estaba ahora, Allen puso de manifiesto algo que él se negaba a aceptar, cayó de rodillas ante la cerca, tomó tierra y la esparció por todo el aire. Levantó la cara y con los ojos rojos de ira maldijo a Hudson.
-Maldito seas Hudson, maldito seas, maldito cobarde- en ese momento supo la gran realidad que se había empeñado en negar por todos estos años, no podía hacer nada por dejarlo de amar, estaba aún enamorado de ese ser que nunca lo amo y no lo amaría, toda una cascada de reacciones atravesó su cabeza, se sentía como atravesado por una flecha en su corazón, Allen se acercó junto a él, aun cuando nada podría hacer por traerlo a la razón.

Allen trató de sacarlo de su sopor:
-¿Amaste alguna vez a Alissa?- preguntó Allen para tratar de encontrar un punto de equilibrio donde apoyar el des balance de su alma.
- Hoy que todo acabo, no sé si la ame - contestó- con ella hubo momentos de gran felicidad. A pesar que mi corazón guardaba el recuerdo de Hudson. Sin embargo, hoy para mí es muy duro aceptar que no me quería en lo absoluto. Sí lo hubiese hecho habría luchado como yo lo hice, siento que poco le importé. Y eso para mí es demasiado doloroso, tanto que no puedo respirar. Sentir que me vida se ha convertido en un amor platónico me ahoga, no puedo evitarlo. He estado alimentando un fantasma.
 
En este sentido Allen se sentía que no tenía mucho que decir.
-Trata de buscar otra persona a quien entregar ese amor que traerá la paz, olvida y perdona de una buena vez, Caroline se ve muy interesada en ti, puede ser algún comienzo y pensemos que este descalabre emocional es porque tienes miedo de enfrentar de una buena vez el pasado- dijo esto y dio una palmada en su hombro- seguramente veas con malos ojos esto que te diré, pero pienso que es una maravillosa oportunidad de enfrentarte de una vez por todas a este monstruo que tienes alojado en tu vida y pareciera que nunca saldrá de allí. Enfréntate a él y libérate. Luego sólo allí, sabrás que tan perdido estas. Fue malo dejar las cosas sin terminar.- Allen guardó silencio y Kurtain le agradeció la ayuda, y fue hasta el auto.

Más tarde serían las carreras; Allen veía muy mal a Kurtain, no sabía qué hacer, poco faltaba para verlo llorar. Nunca pensó que Kurtain sufriera de esa manera, si al llegar estaba bien y hoy estaba irreconocible. Se recostó en el asiento del auto casi hundiéndose en él. Lo dejó tranquilo pero seguía pensando que hacer.

Kurtain estaba desecho por dentro, era un recipiente fracturado, cualquier intento por sanar se convertía en más preguntas y más preguntas... sin respuestas aparentes.

En la noche el circuito estaba lleno de muchos visitantes, era la noche de los mejores y uno que otro neófito en este tipo de auto, entre los cuales, por supuesto se encontraba Kurtain. Allen se hallaba con su grupo y a medida que la noche avanzaba un Kurtain más sereno; aunque con cara de mandarlo todo al demonio, su máquina estaba a tono. Una de las primeras carreras que se correrían era la suya, otros competidores se acercaban a la meta. Algunos corredores él los conocía, entre ellos el contrincante de Allen la otra noche, esté lo saludó con cierto tono de burla, Kurtain no le dio importancia y quiso probar el sistema de su coche.

Buscaba entre los asistentes a Richard; sería su copiloto, pero no aparecía por ningún lado, fue a dar una corrida para revisar que no estuviera por allí sin que él lo haya visto, prendió su auto y anduvo por todo el circuito, apartados en una de las curvas se hallaba el sujeto de la granja de Allen, detuvo su auto allí y vio algo que no esperaba, la hija del beisbolista abrazada a un hombre de color que no era de ninguna manera el novio descrito por su padre.

Se acercó a investigar cubierto por el auto. Ella reía y tomaba, abrazada al sujeto. Una que otra vez daba un beso.

 Algo muy extraño pasaba allí, si eran amigos por qué no dio primero parte a ella del hallazgo del auto, sino que por el contrario lo indicó a las autoridades. Miró fijamente y mucho más allá se hallaba escondido, detrás de otros autos, Richard observando de cerca, lo mismo que él se sonrió de la astucia de su compañero, él que sí conocía el auto de Kurtain hizo señas. Richard se apartó y fue a un lugar alejado de la pista; hasta allá llevó su auto Kurtain. Una vez fuera del campo visual de los jóvenes se entrevistaron los dos efectivos.
-Esto está muy raro Richard- dijo Kurtain- creo que debemos vigilar a ese grupo por sí algo se nos escapara de las manos, sabía que algo se tejía en este asunto, no puedes perderlos de vista- terminó Kurtain.
-Pero recuerda que te acompañaré en la carrera…- luego se quedó pensando- aunque vine con alguien que podría sustituirme- y una vez dicho esto, una sonrisa asomó a sus labios- espérame allá te mandaré al sujeto perfecto para ser tu copiloto.

Kurtain fue a donde estaban alineándose los otros autos, serían sólo tres, esto esperanzaba un poco a Kurtain, se colocó en la línea de partida y Allen le hizo señas apuntando a un hombre de casco que iba hacia él. Kurtain pensó que era quien Richard había mandado, lo saludó y los dos entraron al auto. A estar preparados para la carrera el joven extraño volteó y Kurtain se sorprendió al ver allí Caroline. No lo podía creer pero no era el tiempo de sorprenderse. “Yegua” la joven que anunciaba la salida tomaba posición y Kurtain sabía en que acabaría todo esto.

La carrera fue vertiginosa y los tres autos luchaban por imponerse, Kurtain sorpresivamente la ganó a bordo de un Corvette. Todo el circuito fue a saludar al nuevo corredor y Allen se enorgullecía de presentar al intempestivo ganador, también fue una extrañeza el hallarse una mujer como su copiloto. Todo un espectáculo, la primera carrera ganada por Kurtain, en medio de la multitud Kurtain tomó a Caroline por la cintura y en frente de todos le dio un gran beso.

Toda la inquietud de la tarde había desaparecido al probar los labios de Caroline, una tigresa vestida de negro. Quiso guiarse por las sugerencias de Allen y entregarse al amor de otra persona que hiciera desaparecer a Hudson de su mente para siempre. El romance debía acabar con el vestigio del mal. Sería feliz a costa de lo que su corazón sentía. Debía obligarse a ello. No había decidido ser homosexual y no aceptaba una imposición de tal magnitud. Lucharía sin cuartel.

Tanto Richard, Allen y la propia Caroline se sentían feliz por el arrojo del tímido policía, esperaban esto desde hacía mucho y por fin descansaría de la tensión que le producía; aunque los tres por razones diferentes.

II

Manú se hallaba en estado de depresión, necesitaba una válvula de escape, drogarse y acabar con esta angustia. Sin ser vista por su padre ni por sus cuidadores, se escabulló de nuevo de la casa, tal cual lo había hecho todos estos días, tomó un vehículo rustico y salió rumbo a los suburbios, a casa de Jean Dalton, el mismo joven que la abrazaba la noche anterior en las carreras de autos.

Al llegar allí, Jean la esperaba apoyado de su auto blanco, frente a la casa, en donde se habían visto varias veces. Él cruzado de brazos y con ganas de mandarlo todo al mismísimo demonio. Ya no le parecía tan divertido el hecho de acostarse con una niña de papá, Manú simplemente estaba fuera de control y el nada podía hacer para que volviera a sus cabales.

Ella, en cuanto lo vio, le exigió algo de droga. Él la tomó del brazo y le pidió que se calmara, a lo que esta respondió histéricamente.
- ¡Maldito bastardo, Hijo de perra! Yo he llegado muy lejos por tú amor y es hora que aprendas a respetarme y retribuir de alguna forma todo lo que estoy dispuesta perder por ti, eres como lo demás, eres como mi padre- le decía esto, al tanto estiraba su mano para dar un golpe en mejilla, él lo paró y miró a su alrededor para asegurarse que nadie los veía. Forcejeó con ella hasta que estuvo calmada nuevamente. Pasaron hasta la casa.

Una vez adentro, se sentaron en la pequeña sala, ella se tumbó en el sofá; él explicaba muy preocupado del agente traído de Los Ángeles por el caso. Contaba como un día lo vio en las carreras junto a Damián, un error que quizás podría ponerlos al descubierto, anoche también estaba en el circuito y de nuevo seguramente los vio, así que necesitaban alejarse por un tiempo hasta que todo pasará. Al decir esto el horror se reflejó en los ojos de Manú y se salió de nuevo de sus casillas.
- Eres un hijo de puta, no volveré atrás- le gritó.
-…Creo que, – le sugirió Dalton, en la frontera de su entereza -no puedes seguir escondiéndote, debes enfrentar a tu padre y detener todo de una buena vez, seguir así sería una locura estas desquiciada y obsesionada por todo esto.  Mira por todo lo que has pasado. Reacciona, llevar esto más allá, sería acaso una locura. Tú lo sabes bien. Hemos hecho demasiado, no quiero hacer más nada de esto. Son gentes realmente poderosas y peligrosas no entiendo porque te ayudan; eres una marioneta, estoy seguro que van tras algo más. Si me hostigan lo diré todo.
-Sólo necesito tiempo es todo.- dijo ella tratando de serenarse.- Esos infelices no me tendrán de nuevo en sus redes, estoy segura que puedo cuidarme sola y puedo esquivarlos muy bien. Me prometieron devolvérmelo y lo hemos hecho tal cual lo planeamos, lástima que no ha sido lo rápido que esperaba.
-Maldita sea Manú, no puedes estar hablando en serio. No podrás hacer nada. No creo que quieras eso. Estás loca y yo no quiero seguir - esputó Dalton fuera de sí.


Ella no contestó, estaba decidida, y en su cara se leía la determinación. 

 

4. Sr. Henderson


Kurtain notó la ausencia de Caroline, la mañana que se sentía más confundido que nunca; preguntó a Richard por ella, él, sintiendo un poco de alegría por la pregunta, respondió que estaba esperándolo en casa de la joven secuestrada; esta mañana, apenas llegó se había ido a casa de Henderson.

Nuevos indicios habían aparecido, aparentemente el padre de la joven tenía el nombre de la mujer que cuidaba a su hija mientras estuvo secuestrada, era un dato que los llevaría a descubrir más sobre los sospechosos. Varias cosas no concordaban, se hablaba de complicidad en la granja de Allen.

Kurtain se preocupó, no le gustaba la idea que alguno de los trabajadores o el mismo Allen pudiera estar metido en el secuestro de la joven, debía hablarlo con él, ahora tendría que moverse con más cuidado; aunque era absurdo que esto fuera así, no había razón aparente para que Allen estuviera implicado, lo notó bastante sincero la noche que hablaron, pero aun así no quería aparecer mezclado en nada. Los dos partieron a la casa del distinguido político.

Antes de salir Kurtain un poco apresurado, por ganarle el tiempo a Caroline, quien seguramente ya estaba con el papá de la indiciada, bajó las escaleras del primer piso de la estación, esto lo ajetreó, una molestia se afianzó en su pecho y tuvo que parar a tomar algo de aire, otra vez la sensación de angustia se apoderaba de él sin que pudiera remediarlo, recordó la escena de la estación. Tendría que tomarse las cosas con más calma. Respiró profundo se aflojó el cuello de la camisa y caminó más lentamente, colocándose la mano en el pecho. Steel, quien lo esperaba en el auto, no notó el estado de Kurtain.

Al tanto conducían, Richard comentó la posibilidad de investigar el pasado de la joven. Ésta tenía fama, según le informaron, de ser parrandera y codearse de amistades de mucho peligro, toda una chica problema. Hoy hablarían sólo con él papá, pero en otra oportunidad tendrían que hacerle una visita, estando sola, por supuesto, para tratar de hallar conexiones que pudiesen dar más pistas sobre el caso. Sentía la presencia de Henderson un tanto controladora y no dejaba fluir por sus propios caminos la investigación.

Al llegar a la residencia del Sr. Henderson, les hizo pasar la misma mujer de servicio. Situados, con unas copas en las manos, en la sala se hallaban el Sr. Henderson y el agente Caroline, está al verlos sonrió y levantó la copa en señal de saludos. Kurtain veía en esta acción algo de competencia, desde que llegó poco había ayudado a la investigación, principalmente se debía a que no era su terreno habitual. Salvo algunas excepciones, ella siempre se le había adelantado; sin embargo, procuraría que las cosas cambian a su favor.

Kurtain saludó a todos los presentes y se unió a la conversación, preguntó el nombre de la mujer que tuvo secuestrada a la joven hija de Henderson; sintió frió al escucharlo: Susan White.
-La conozco,- dijo Kurtain cuando hubo pasado su estupor- estuvo involucrada en los secuestros de San Francisco, era hermana de la mujer asesinada, quizás estuvo escondida todo este tiempo bajo las ordenes de Moore, también se cree que fue la que disparó contra Rhode Moore, antes del juicio, más de ello nada se aclaró.

 Pero…- se quedó pensativo- no entiendo porque vuelven de nuevo al secuestro, su negocio se basa en buscar chicas de bajo recursos y “alquilar su vientre”,- esto lo dijo señalándolo entre comillas- el que hayan secuestrado a esta joven me parece muy extraño.- Kurtain terminó de decir esto, y Henderson dijo, temeroso:
-   ¿Está tratando de decir que quizás mi hija alquiló su vientre por dinero?- acrecentó la voz- me parece absurdo que usted piense en eso, como podrá ver, somos de buena posición económica y no creo que esté pasando por problemas de ese tipo, siempre ha acudido a mí por inconvenientes de esa índole y cómo ve no falta el dinero- su ira iba en aumento. – Espero que con esto que aporté puedan extraer algo en concreto. Me está empezando a cansar su ineptitud. Siento dejar todo mi dinero en tal mal servicio.

Henderson no quiso seguir la plática con los agentes, en ese momento llevaba puesta una camisa de mangas largas; se la arremangó a los brazos y le pidió que los disculparan, excusándose, tenía una práctica de béisbol que no podía faltar.

Los agentes entendieron, se despidieron y se marcharon, su trabajo allí estaba ya hecho. Aunque quizás verían a Henderson muchas otras veces, nada sacarían de este incisivo personaje. Su próximo objetivo era desviarse a la granja de Allen, montaron los tres en él auto y salieron a toda velocidad.

El camino estuvo más animado que la última vez, Kurtain manejaba y dejó que Caroline se sentará a su lado, dejando a Richard en la parte de atrás.

Durante el viaje Kurtain habló de cómo conoció a Allen, omitiendo ciertos detalles personales, el que así fuera parecía a todos afortunado; puesto que al ser tan amigo de Kurtain, seguramente, les daría el apoyo que necesitaban. Contó cómo le fascinaban las carreras y como estuvo alguna vez obsesionado por los autos.



La granja de Allen estaba más movida, una importante entrega de cerdos iba ser despachada; de modo que, algunos trabajadores, subían lechones a varios camiones, entre ellos estaba William, quien al ver llegar a Kurtain, se alegró.

No pensó en verlo hasta la noche, estaba hecho un lió con el trabajo, los tres recién llegados sonrieron por la situación que se encontraba. Allen abrazaba con sus piernas y sus manos tres lechones que se mostraban inquietos, uno de ellos tenía puesto su sombrero. Como pudo se deshizo de los cerditos y fue hasta donde ellos se encontraban, le pidió un momento y que esperaran en la casa que se encontraban en la entrada.

Pasaron a la casa, antes de la entrada tenía unos muebles, muy cómodos, allí decidieron esperar, poco tiempo después llegó Allen librado de todo el lodo y la inmundicia del trabajo. Vestía esta vez de unos pantalones de mezclillas y una franela verde. Ahora sí les dio la mano a todos.
-Ustedes dirán- dijo con ese acento tejano, tan característico.- me alegra de nuevo verlos por acá; si bien sospecho que no es por nada bueno.- Le ofreció una mirada a Caroline fijándose en sus ojos azules.
-Es así- dijo Kurtain riendo- queremos algunos datos que espero nos facilites, te pedimos no comentes nada de lo que se hablara. Todavía no tenemos nada en concreto. Y bueno… ya vez como son las noticias en cualquier ciudad.

Los tres agentes pidieron datos de los trabajadores, también preguntó por cosas  específicas, necesitaban alguien que los llevará a Susan White, tendrían que interrogarlos a todos; así mismo, buscaban alguien joven que pudiese conocer a la hija de Henderson; la describieron lo mejor que pudieron, pero él dijo no conocer esa joven, sus trabajadores tenían vida propia y no era su costumbre meterse en ella, de ser así no acabaría nunca, dijo riendo, para dejar ver que sus trabajadores llevaban vidas bastantes diferentes.

Estuvieron largo rato, sin embargo, poca cosa sacaron de esto, quizás tendrían que volver otro día. A los compañeros de Kurtain les agrado mucho Allen, a Caroline menos que a Richard, quién como pudo ver Kurtain era más dado a las amistades, confiaba más en la gente, junto a Caroline hacía muy buena pareja, por ello quizás se habían mantenido juntos por tanto tiempo. Al unísono Caroline entendió esto; quizás, mantuvo a Steel siempre relegado; mas por estos días lo sentía más despierto y colaborador, él trabajar para una mujer no le hacía mucha gracia y se llevaba mejor entre hombres.

Esa noche, de nuevo, Allen fue hasta donde estaba Kurtain, le invitó a unas carreras a celebrarse en un lugar apartado. Kurtain lo dudó un poco, pero luego accedió, cualquier cosa que lo alejara de la locura de quedarse sólo en casa. Se subieron en el carro que Allen estacionó frente a la residencia, un Ford Mustan Boss 302. Al verla Kurtain exclamó:
 –Hui, es una maravilla, y dices que todos tienen de estas- lo dijo riendo ante la incredulidad del precio que debía seguramente tener este tipo de carros, toda su carrocería brillaba y sus colores eran bastante llamativos.
-Sí, -respondió Allen- todos son personas adineradas, como puedes ver, es un poco diferentes a las carreras en Seattle, desde allá hasta acá he recorrido algo de camino, te juró que nos vamos a divertir, móntate y verás-, Kurtain, esta vez, no lo pensó y entusiasmado se montó a toda prisa, el auto era de color azul y amarillo, blanco y rojo.

  Probaron el auto por un tiempo; Kurtain revisaba a detalle todo el sistema del auto, Allen explicaba algunas cosas que Kurtain desconocía, lo introducía en el tipo de motor… Kurtain algo entendía de este tipo de motor, siempre le pareció fascinante, después de un rato le pidió a Allen el conducirlo.

Le pareció cómico que, a sus cuarenta años, aún se emocionará con estas cosas, cuya práctica parecía un poco más para personas de menor edad. Pero allí estaba él haciendo lo necesario por perderse de su mente. Necesitaba drenar todo lo que sentía por el regreso de Hudson a su mente y el derrumbe de la mampara ante el hecho de saberse extraño ante el mundo. Quería entender que estaba relegado en el olvido y no podría volver a detonar de la forma que lo había hecho tiempo atrás. Su recuerdo era una tumba con un cadáver, que la verdad, no quería exhumar.

Llegaron a una granja apartada de cualquier otra, allí en un pequeño estacionamiento, una multitud se reunía, personas de todo tipo, algunos de muy mal aspecto y otros, por el contrario, parecían ser  persona de un indudable nivel económico. El grupo a que se dirigió Allen era muy agradable, estaba compuestos por dueños de ranchos y algunas chicas, los autos estaban colocados en líneas y cada cierto tiempo se formaban carreras a lo largo del circuito, éste formado por un ovalo que daba la vuelta a todo el rancho hasta llegar de nuevo al punto de origen. Había luces por doquier y muy buen ambiente. Música y también algo de bebida.

Pasado cierto tiempo le tocó el turno a Allen, Kurtain se animó e iría de copiloto, su rival era un Porsche 911 GT3 de rojo muy vivo, lo conducía un tipo que conocían como “Jota Pe” quien era un sujeto de aspecto fuerte, usaba la cabeza cubierta por un pasamontañas y unos bigotes que bajaban hasta el mentón, tenía la barba crecida, hablaba de manera pausada, aunque culta, no parecía cualquier tipo, poseía una mirada que Kurtain pareció conocida, luego lo pensó un poco, buscando en su cabeza donde habría visto esa mirada; sus ojos color violeta llegaron a su mente como un relámpago, el hijo de Chris Hudson.

Contra él iría Allen, discutían el montó de la carrera, llegaron a una suma que a Kurtain le pareció bastante alta. Se fueron hasta donde estaba parada una joven de curvilínea constitución; encargada de dar la partida, era parte del grupo de Allen y todos la llamaba simplemente “Yegua”, los dos autos se pusieron en línea y se dio la partida, las personas allí reunidas gritaron y los carros salieron a toda velocidad, misma que se fue haciendo mayor a medida que la carrera avanzaba.

En la primera curva parecía que “J.P.” ganaría: sin embargo Allen, afortunadamente, se pudo ubicar en la posición interna del circuito y pasar al auto rojo, la segunda vuelta sacó acrecentada ventaja; mas en la recta, el auto rojo escarlata, se colocó a su lado y faltando pocos metros para la llegada paso a la delantera llevándose el pote de la noche. Kurtain se bajó algo desilusionado, a Allen no le importó, se dieron la mano con el competidor y luego se fueron a seguir tomando con el grupo. Al parecer la historia de rivalidades entre los dos compañeros era bastante grande. Le recordó en algo la relación de competencia que mantenía con su antiguo y hoy muerto rival de carreras Bruce Smith.

Ya reunidos en grupos pequeños, “Yegua” contaba los errores de Allen, todos dieron su opinión también al respecto, Kurtain no entendía mucho de este tipo de motor, pero estaba seguro que no pasaría mucho tiempo para ponerse al día. Los autos de los compañeros de Allen, también estaban muy bien y se notaba que su costó era superior a todos los autos que acostumbraba a correr. Las ruedas, los rines, toda la carrocería era impactante, incluso hasta los colgantes del espejo retrovisor.

La noche avanzaba Kurtain tomaba y mientras lo hacía se sintió observado, buscó y vio al joven que trabajaba en la granja de Allen y que los acompañó durante el recorrido al auto. Lo notó un poco incomodó al ser descubierto, Kurtain lo saludó con un levantamiento de cabeza y éste respondió con un gesto similar; aunque, luego se fue hacia varias chicas que rodeaban un auto de color azul con dos líneas blancas atravesando la carrocería, y un particular joven de color oscuro, con cejas muy pobladas, que parecía el eje central de todo el grupo. Conversaba algo entre ellos. Kurtain quedó mirando todos los que rodeaban al joven, luego lo olvidó y siguió tomando y hablando con los a su lado reunidos.

Allen estaba contento, a pesar de haber perdido, y en cierto momento de la noche le preguntó a Kurtain por su relación con la bella pelirroja que lo acompañaba durante la investigación.

- No creo que yo pueda tener oportunidad con ella, es una bestia indomable, desde que llegué no hace sino tenerme al trote en todo el trabajo. Sus celos profesionales son enfermizos y para nada me ayuda una situación así, quisiera que se relajara pero mantiene la adrenalina en mí, en altos grados.
-Entonces, creo que hay romance por ahí- sugirió uno de los compañeros de Allen y, ante la cara de Stephen Kurtain completamente roja, todos rieron. Él tomó otro trago para aplacar el rubor del comentario de Allen y no pudo evitar dar con su vista al grupo en donde J.P. se encontraba.  Su mente no podía dejar de pensar en Hudson, el hijo de él, quizás tendría ya cinco años, un poco más que el suyo, no sabría cómo era, pero si recordaba sus ojos color violetas que curiosamente parecían los de J.P.

Algo le intrigaba de ese sujeto, el aspecto de hombre rudo que intentaba dar no cumplía su cometido, o por lo menos para él, sus ojos destacaban lo intenso de su mirada, éste revisaba junto a sus compañeros el motor de su auto; él pensó en ir hacia allá, mas no fue, estaba algo tomado. En cierto momento J.P. también lo miró, agudizando un poco sus ojos color violeta, ambos al toparse sus miradas rieron y después siguieron en sus respectivos grupos.

Esa noche Kurtain estaba de mejor humor, entre otras cosas le ayudó a drenar tensiones, veía todo desde otro punto de vista, ya no le importaba los celos profesionales de Caroline; al contrario comenzó a gustarle este juego. Sirvió para despejarse y además compartir con Allen. Serían de nuevo muy buenos amigos y quizás él le ayudaría a abandonar de una vez por toda su confusión. Le haría entender que era tan sólo una mala pasada del destino y que Hudson junto con su condición homosexual estaba totalmente muerta y olvidada para él.

Avanzada la noche hablaron por primera vez del evento que los excitaba y que era para ellos una tradición con un botín exorbitante, en una frenética carrera atravesando la ciudad. Kurtain escuchaba la conversación, no podía entender cómo podrían hacer eso sin atrapado por la policía, autos de este tipo corriendo por la ciudad a toda velocidad no era algo para pasar desapercibidos. Pero aparentemente lo harían dentro de poco, hacían apuesta, contaban anécdotas de las carreras, todo estaba preparándose para el evento. Sus corazones se aceleraban.


II

Henderson estaba en el baño pensando en lo ocurrido con su hija, sabía que ese comportamiento le llevaría hacía una desgracia, tomaba un Güisqui mientras se preparaba para el baño, se acostó en una banqueta, aún le quedaba bastante tiempo para el comienzo de la práctica béisbol, siempre soñó un futuro mejor para ella, pero desde pequeña mostró su negativa al estudio, luego de adulto su actitud rebelde, su madre sabría qué hacer con ella, pero ya no estaba para aconsejarla. Sabía que muy adentro, era una joven confundida. No tenía idea como demonios llegar a ella para poderla ayudar. No entendía que sucedía. No daba explicaciones a su comportamiento impulsivo. No conocía nada de su vida y otra vez cometía errores que aunque hasta el momento él tuvo a rayas no podía seguir mitigando.  

De lo que si estaba seguro; es que no podía seguir siendo la niña de papá, tendría que crecer y convertirse en una mujer de carácter si quería hacer algo con su vida. Para él era un secreto, aunque no contaba con la edad para andar de farras se mantenía hoy a sus veintitrés años como si fuera una adolescente. Cometiendo error tras error.

Ya tendría tiempo de discutir con Manú. Ahora sólo le interesaba la organización del juego, en donde participarían las principales autoridades de la ciudad, si bien, era un juego de caridad, se esmeró en darle calidad, invitando grandes personalidades, amaba el béisbol. Desde muy joven le gustó jugar este deporte, estas dos semanas faltantes se le harían una eternidad. Entró a la ducha y se relajó. Esperaba que la policía hiciera bien su trabajo. Pronto todo acabaría.

Henderson, antiguamente, había sido un jugador frustrado de béisbol, no contaba con la habilidad necesaria para optar por un puesto en los equipos profesionales. Su juventud la paso viajando en busca de una plaza donde desarrollarse, no obstante, nunca lo logró, con cada intento era una derrota, su brazo parecía no responderle con la regularidad que se requería, no pasaba de ser algunas veces “bueno” y otras “muy malo”, por más que se esforzó nunca sobresalió, cuando vio sus esperanzas desechas buscó consuelo en la política convirtiéndose en un gran prospecto.  Sin embargo, el sueño de ser pelotero estaba bien arraigado en él. Empezó trabajando con su padre y poco después de su retiro, ocupó su cargo y se abrió camino para convertirse en el personaje respetado que es hoy.

 Estaba casado con la dama de sociedad Theresa Lowrey, hija del prominente hombre de negocios Sr. Lowrey, lo que ayudó a Henderson abrirse camino en el ámbito económico, gozaban de una posición cómoda… y luego vino el embarazo, con esta noticias las ilusiones de Henderson comenzaron a florecer, esperaba un varón con que hacer realidad su frustrado sueño, lo llevaría hasta donde él nunca llegó. No acompañaba a su esposa a las consultas; pero estaba pendiente de preguntar el sexo del niño cada vez que ella tenía una visita con el doctor.

En el consultorio, el ginecólogo que atendía a la señora Henderson vio la cara de contrariedad que ella ponía; nacería una niña. Al principio sintió el miedo de lo que podría suceder, su matrimonio estaba en juego, el doctor trataba de consolarla. Pero era inútil, nacería una niña y nada podía evitar ese momento de ruptura en las relaciones con su marido, tal vez no le perdonaría que fuera una niña.

Al saberlo, Henderson, su humor se volvió sombrío llegando a envejecer más en ese momento, su actitud hacia la niña siempre fue lejano, no podía verla sin recodar su nuevo fracaso. Quería un niño, que pudiese brindarles las oportunidades de dedicarse a la pelota que su padre no le dio. Pero eso no sería todo, la muerte prematura de Theresa, lo dejó a cargó de una niña bastante rebelde que desencadenó lo que ahora era: embarazos no deseados y por supuesto un escándalo de proporciones épicas, que amenazaba con mandar su carrera por un despeñadero del que acaso no saliera bien librado.

La vida de Manú Henderson, siempre fue llevada por sus pasiones, algunas de ellas eran las drogas y sus novios, el último un distribuidor de las zonas bajas de Houston, el sujeto era ampliamente conocido por la policía por su amplio expediente. Henderson siempre quiso ocultar esto a los ojos de cualquiera, y le presentó un joven de su círculo de amigos que a los ojos de todos presentaba como su novio, pero todo era una cortina. Tenía que borrar el nombre de distribuidor para siempre. Y sin contar las series de errores que cometió durante sus primeros años de juventud. 

Manú se las ingeniaba para salirse con la suya, era una joven y bastante bonita, siempre se abrió camino para obtener lo que quería. A sus trece años se las arregló para conquistar un hombre bastante mayor que resultó un imperdonable fiasco pero que servía muy bien para vengarse del desprecio que siempre le demostró su padre.

La cosa empeoró drásticamente con un embarazo no deseado.  Su padre en cuanto lo supo dejó de hablarle por un tiempo. Henderson dijo que se encargaría de eso, mas fueron otros le ganaron la partida. El bebe como vino, se fue sin dejar huellas. Cosa que sumó la desconfianza que tenía su padre hacía la ya mujer. Él supuso que lo había abortado, nunca se planteó llegar hasta el fondo del asunto así que lo dejó allí; porque no quería un hijo bastardo que lo convertiría en la burla de la ciudad. 

Esa noche, en el estadio, también ella estaba sentada en las tribunas viendo a su padre jugar, llevó algunas amigas de su círculo y juntas gritaban al atractivo Sr. Henderson. Desde allí miró a uno de los limpiadores del estadio donde se encontraba. Sin ser vista fue hasta él y estuvieron hablando por largo tiempo, pactaron una cita en casa del último.

Los lanzamientos del señor Henderson aumentaron su efectividad, la adrenalina corría por sus venas, el éxito era algo que instalaba en su cuerpo y se hacía parte de él. Miró hacia donde su hija estaba, pero ésta se había ido. Pensó que ya estaba bastante grande para hacer lo que quisiera. La furia de cada lanzamiento era sinónimo de una posición frustrada ante un hecho que marcó un punto y aparte en su vida.


Hoy seguramente la vida le cobraba ese error, esa soledad que experimentaba. Debía continuar trabajando en ello, si quería que su existencia no se convirtiera en un laberinto de infelicidades. Cada lanzamiento penetraban como balas de plomo hacia el mundo. Necesitaba drenar la furia sentida por alguna parte, hubiese querido ser otra persona en ese momento, pero no podía. 

 


3. Enemigos en Houston

3. Enemigos en Houston


Kurtain, esa misma noche, mientras se bañaba,   pensaba en la discusión con Alissa, a pesar de que la demanda de divorcio estaba en pie, esperaba que su rabia pasara de un momento a otro, seguro se recuperarían de esta crisis. Algunas veces él mismo estuvo a punto de terminar con todo, pero luego finalizaba encontrando un punto intermedio. La admiraba mucho, sobre todo esa capacidad de enfrentar el fracaso de manera tan estoica no importase la intensidad de la situación. Sin embargo, los días pasaban y la negativa de ordenar las cosas se hacía más incuestionable en ella. El cariño que se tenían esta vez no sería suficiente para poder arreglar las cosas, los años vividos eran un intenso error que le succionaba la vida y le pasaban factura, el amor no estaba ya en ninguno de los dos.



La casa, que esta mañana parecía un cuchitril, estaba muy limpia ahora; incluso los arbustos habían sido cortados, presentado un rostro más presentable, pero aun así lo deprimía, la piscina también estaba limpia, reflejaba el color azul oscuro del cielo.

Se calmó un poco con el agua, pensó en la atractiva mujer tenía por compañera. -Nada mal-, se dijo a sí mismo. Esta era una mujer de treinta y tantos años, unos impactantes ojos verdes, pero sobre todo una hermosa cabellera rojiza, le agradaría ser amigo, su amigo.

Aun cuando la primera impresión dejó mucho que desear, se identificó mucho con ella, hablaban el mismo idioma, y le comenzó a agradar el que siempre estuviera a la defensiva; tendría que remediar ese contratiempo. Podría ser ella la persona con la cual pudiera encontrar la paz que tanto necesitaba su alma. Pero de nuevo el error de una mujer, necesitaba el cariño de alguien y no estaba aún seguro, a pesar de contar con 35 años, de enfrentar la homosexualidad o seguir en el vacío de estar con alguien que solo era una pareja para no estar solo.

Se acabó de bañar y se tiró en la cama, desde allí por la ventana, la luna se veía bastante grande, quizás esta mujer le ayude a superar el divorcio, si éste se diera, haber pasado por lo de Hudson le era suficiente para saber que el terminar una relación no era cosa fácil, al contrario, era mucho tiempo de amarga existencia, aunque la verdad era que no sabía si sería igual. 

Recordó todo lo que paso, mientras trataba de salir de la tormentosa angustia de esa vieja y extraña relación con Hudson, lo que más le dolía era esperar que en cualquier momento apareciera por allí, tocando a su puerta; mas nunca fue así. Un buen día dijo no más… no podía pensar en quien nunca podría amarlo como él amaba, y sólo desde allí empezó su recuperación, entre comillas, porque nada lo haría olvidarlo. Quizás viviría en su corazón eternamente.

Daba vueltas en la cama hasta que se quedó dormido, pensando en Alissa, Caroline y sin poder evitarlo en Chris Hudson, tiempo después el teléfono, lo despertó asustado, hacía un ruido de vaca mugiendo, MUUUU… MUUU… se levantó sobresaltado, temía que una estampida de reses estuviera en su sala. Luego cayó en lo que posiblemente era.
-¡Carajo! – expresó. – Qué idea más tonta, un teléfono que muge.

 Se preguntó quién llamaría a esta hora, y al ver la ventana vio que pronto amanecería, al contestar le habló el agente Steel. Soltó una pequeña risa, aparentemente, no conocía mucho el horario de trabajo. Era realmente un joven impetuoso y adicto a su labor.
-Perdone que lo moleste a esta hora, pero hemos recibido información de la joven secuestrada, al parecer alguien localizó su carro en una de las granjas de por aquí. Si queremos llegar temprano tendremos que salir ahora mismo, cuanto antes mejor-. Kurtain, colgó y aún en ropa interior, unos pequeños slip, sintió golpes a la puerta, lo dudo, abrió con cierta indecisión, y ciertamente, ya su compañero estaba listo, lo saludó con una gran sonrisa… se vistió lo más rápido que pudo, no terminaba de atarse la corbata salió, Steel  mirándolo vestido con traje y corbata, sugirió:
-Creo que debería ponerse algo menos formal, se me olvidó participarle que iremos a una granja en donde se crían cerdos, seguramente tendremos que revisar el lugar y no parece que un traje sea lo más apropiado, algo más cómodo, quizás ¿No lo cree?
Lo pensó un poco, -¿sabes qué? tienes razón- le contestó Kurtain y se fue a cambiar, salió con unos jeans y una chaqueta de cuero color marrón.
-¿Está mejor así?- le dijo Kurtain a su compañero cuando salió- ya dejémonos de modas y larguémonos de aquí.

Al montarse en el auto, Caroline le esperaba inquieta, llevaba un traje cruzado muy deportivo y su característica melena de color rojizo.
- Se ve usted mejor así, pero nos hubiese regalado la hermosa vista de verlo en ese traje formal  revisando la granja de criadores de cerdos o mejor en esos interesantes slip que dio a ver primero- Se rió sarcásticamente la pelirroja mujer.
- También le deseo tenga usted buenos días- Kurtain igualmente rió, pero con menos humor, cerrando la puerta con fuerza; de inmediato Steel se percató de la tensión en el ambiente y cortó el pequeño altercado.
-Me informaron que el auto aún sigue allí, tendremos que investigar- los dos notaron que el comentario hecho por Steel estaba fuera de lugar, pero sirvió en su cometido, Kurtain se calló, al igual que Caroline, después de ello no volvieron a hablar en el auto hasta pasado cierto tiempo, el agente Steel, miró por retrovisor a Caroline y preguntó:
- Nos comentó que está apartado de su mujer pero no nos ha dicho si todavía continúa casado.    
-Estoy comenzando un molesto divorcio; tengo un hijo… ¿Y el porqué de la pregunta?- Preguntó Kurtain extrañado y haciendo una pausa.
-No… nada en particular, por ahí conozco a una amiga que seguro usted le interesaría… y mucho- y volvió a mirar por el retrovisor a Caroline, esta sólo veía por la ventana, roja de furia, por la última bromita de Richard.

Steel notó que esta era una lucha de los dos por imponerse, desde siempre la detective fue la “jefa” del sitio, sus influjos e inteligencia habían hecho de ella el número uno en ese cuerpo, desde que se enteró de la llegada de Kurtain, paso toda la semana investigando sobre este hombre que vendría a suplantar temporalmente su puesto, e incluso, en alguna oportunidad, le había confesado a Richard que esperaba un hombre, molesto, pedante y mal educado policía de Los Ángeles.

Pero se llevó una sorpresa, aunque sí era un poco pedante, no era ni molesto, ni mal educado, por el contrario le pareció un buen tipo y tal vez a ella también y de seguro eso era lo que la tenía de mal humor. 

A pesar de llevar juntos cierto tiempo, nunca la vio tan fuera de sí por un hombre, éste sería quien la sometería de una vez por todas, no conocía mucho de su vida; pero paso por un muy tortuoso divorcio con uno de sus antiguos compañeros, a quien conoció recién entraba al departamento, todo un patán muy diferente a Kurtain. Por eso no veía nada de raro que se enamorará de éste, al tanto que manejaba no quería echar más leña al fuego, así que guardo silencio hasta llegar a su destino, algo muy difícil para él. Encendió el radio del carro y dejó que la vida siguiera su curso y el amor lo caminos que quiera.

Para Kurtain la extensa planicie era enormemente relajante, grandes cactus de colores verdes oscuros y claros, plantas de ramas espinosas y de hojas muy pequeñas, rocas que parecían salir del centro de la tierra reclamando su espacio, todo esto le hacían ver que estaba muy lejos de casa, el calor, aunque hasta ahora agradable, también era molesto. Para sacar conversación y hacer el camino menos tedioso, le preguntó a Richard de donde él era. Steel, haciendo uso de su elocuencia, contó que su familia vivía en Seattle y se habían mudado aquí, donde él, afortunadamente, hizo estudios, y bueno… aquí estaba. Desde hace un tiempo lo pusieron a las órdenes de Caroline y no le había ido mal hasta ahora. Ella le ofreció otra mirada acusadora. Se dijo que esto sería intenso por parte de Caroline, y él estaba en el medio de todo. 

Llegaron a la granja de cría de cerdos, el sitio contaba, al comienzo, con una casa bastante grande, seguramente, era la vivienda de los dueños, así lo pensó Kurtain, luego muy, pero muy alejado de ésta se observaban varios galpones colocados uno seguido de otro en manera circular, formando una gran plaza, y al frente algunos vehículos de trabajo.
Por lo grande del lugar pudieron notar que era bastante lo que se producía allí, el sonido de estos animales se escuchaba desde muy lejos. Al acercarse más a las instalaciones, el ruido se hacía más fuerte, las personas que allí laboraban poco notaron la llegada de visitantes; seguían haciendo su trabajo.

En la escena varios trabajadores se empeñaban en introducir algunos cerdos a un camión, hasta ellos se dirigieron los agentes de la policía, una vez que dejaron el auto estacionado.

Kurtain se excusó por interrumpirlos, y preguntó que a dónde estaba el auto encontrado, los  trabajadores algo huraños y molestos por la perturbación de sus actividades, hablaron entre ellos, se escucharon varios nombres, hasta que por fin lo llevó hasta donde se encontraba uno de los trabajadores, un sujeto de aspecto latino, estatura normal y cabello negro, con una pequeña barba en forma de candado, tendría algo así como veintitrés años, éste, al momento de interrumpir sus actividades, se ocupaba en darle comida a los cerdos, le señaló una estructura bastante alejada de los galpones centrales. Luego se puso en marcha, hasta allí lo siguieron los tres agentes, un poco hastiados por el olor de los cerdos y por el calor que hacía.

El salir de la zona de cría fue un alivio para todos, Caroline con su abundante melena era la más acalorada de todos, esperaba no desmayarse en ese lugar y quedar en ridículo ante el nuevo agente. Cosa que divertía a Kurtain, no le perdonaba que se hubiese reído de su desatino y ahora era ella quien pagaba las inclemencias del clima, cuyo calor sumaba el olor de los cerdos. 

La estructura señalada, ya maltrecha por el abandono, era un viejo granero algo apartado, tenía una puerta central y arriba de ésta una pequeña ventana, en donde aún se veía cierta paja ya muy seca. A lo lejos varios haces de luz se colaban hasta el interior alumbrando a intervalos el lugar, allí estaba el auto, un BMW acomodado al fondo y cubierto con un poco de hojarasca. El trabajador, de manera nerviosa, dijo haberlo encontrado en la tarde anterior cuando se retiraba a su casa, explicó que cuando lo hacía, llamó su atención el ver, desde la carretera por donde pasaba, el sitio abierto, llegó hasta aquí y lo vio, posterior informó a sus jefes… más nada que decir. La detective le preguntó si era fácil llegar desde la carretera a este lugar.
-Esta granja siempre tiene vigilancia,- respondió el ya nervioso hombre- no obstante, esta zona está abandonada y queda fuera del área de resguardo. Sabe cómo es.
- ¿Y el dueño? ¿Cómo se llama?- preguntó Kurtain. Mientras Caroline y Richard tomaban notas de cuanto allí se observaban.
-El dueño es el Sr. William Allen, no salió a recibirlos, puesto que estaba metiendo algunos cerdos al camión cuando ustedes llegaron- respondió el trabajador. Al escuchar el nombre Kurtain se sorprendió, y dijo: 
-De veras el mundo es pequeño- El trabajador no entendió, Kurtain argumentó:
- Alguna vez fuimos muy amigos, lo conozco bien, me dará gusto volverlo a ver.

Detrás de ellos se escuchó un pequeño vehículo, tipo furgoneta, que llegaba al sitio y de donde se bajó el dueño de la granja, un hombre más alto que el promedio, de pelo castaño claro, con vetas muy amarillas y una pequeña barba al descuido, se detuvo a ver el grupo reunido y reconoció a su viejo amigo, corrió y lo alzó por las rodillas, lleno de emoción.
-Yehay ¡Que sorpresa verte por acá Stephen! - la cara de  Kurtain era roja al verse elevado por su antiguo compañero. Trataba de desatarse, pero lo cierto, era que al él también le agradaba volverlo a ver. Luego lo puso en el suelo y lo abrazó nuevamente.
-Demasiado tiempo sin verte, pero veo que ahora eres un “Ranger de Texas”, yuhuuu- dijo el aún emocionado ranchero.
-Sí, ahora soy detective, pero sólo estoy aquí por un caso, trabajo en Los Ángeles- contestó Kurtain, también emocionado por el agradable encuentro, si bien menos efusivo que su compañero. Miró a sus colegas, quienes observaban atónitos el encuentro de los dos amigos.

Kurtain presentó a William y luego le dio un pequeño esclarecimiento de haberlo conocido en las carreras de autos, cuando era joven aún y practicaba ese deporte.
-¿Qué ya no corres?- le preguntó extrañado William Allen al escucharlo decir esto último.
-La verdad es que no, desde que salí de San Francisco, hace varios años, no lo práctico. El ritmo en Los Ángeles es algo intenso- dijo Kurtain, sonriendo por lo recuerdos. Ya no estoy para estas cosas.
-Yo aún lo hago, cuando termines aquí te mostraré algunos carros que poseo y que…-, la conversación la cortó el trasmisor de Allen, lo contestó e informó la presencia de la prensa en la puerta de la granja.

Kurtain le sugirió que no la dejará pasar, Allen se montó en el camión, en donde había llegado, y, por el trasmisor que llevaba, dio la orden de detenerlos. Se bajó nuevamente y volvió a abrazar a Kurtain llenó de emoción. Se marchó para solucionar el problema.  Kurtain se puso más rojo, Allen aún sentía una gran amistad por él.

Los detectives esperaban al grupo que se encargaba de recoger las muestras, pero había muy poco que descifrar, seguramente habían dejado el auto abandonado desde hacía varios días, tendrían que llevárselo y examinarlo luego, también tendrían que hacer un interrogatorio a todos los allí presente con el fin de conocer algo de eso. Más caminos largos que transitar.

La prensa, al final, logró pasar y abordó a los detectives con cámaras fotográficas y preguntas acerca del hallazgo, Kurtain estaba de nuevo asediado por la prensa y seguro de que su fotografía saldría en los periódicos haciendo de eso una molestia. Recordó al Halcón Miller y deseó que estuviera de nuevo aquí, haciéndose cargo, hubiese alzado su ceja y con voz fingida hubiese contado cualquier cosa que lo hiciera parecer el héroe. Sin mencionarlos para nada.  Llevándose por supuesto todo el crédito.

El obrero de la granja estuvo con ellos todo el tiempo por órdenes de Allen, más luego de un tiempo regresó William pidiendo disculpas por no poder haber parado a la prensa, Kurtain le dijo que no importaba y los dos se fueron algo apartado de los detectives que hacían su trabajo.
-¿Dónde te quedas? ¿Por qué duermes esta noche en la granja? así hablamos de los viejos tiempos-, expresó Allen.
- No puedo, tengo que ir a Houston, pero puedo venir otro día o tú puedes ir allá- respondió Kurtain, Allen afirmó con cara algo desilusionada; ya había preparado todo para la estancia de su amigo. Estuvieron allí todo el día y luego remolcaron el automóvil de la joven hasta la ciudad de Houston. Se despidieron de todos y se pusieron en marcha, por fin, ese día entre los cerdos había terminado. Con el único saldo de haberse encontrado a Allen y  un auto oculto.  

Con todo lo cansado del viaje, Kurtain se retiró hasta su casa, al llegar puso las llaves en la mesa junto al teléfono y se deshizo de toda la ropa que traía puesta, se metió a la ducha, luego que se bañó se quedó con una mantilla que le cubría de la cintura hasta la piernas, hizo algunas llamadas que tenía pendiente y poco después  escuchó que alguien tocaba a la puerta, vio la hora en su reloj y era bastante tarde, pensó en lo obstinado que era Richard para el trabajo y supuso que era él, el llamar a horas pertinentes no era, precisamente, algo en lo que se destacaba.

Fue a abrirle, pero para su sorpresa, encontró, vestido de vaqueros y con una camisa azul arremangada hasta la mitad del brazo, a William Allen, apoyado un poco del marco de la puerta y con la barba aún sin afeitar, al verlo Stephen soltó una pequeña risa nerviosa y más nervioso se puso, cuando éste lo miró de arriba abajo, porque hasta ahora se vio vestido con la mantilla.
-Aún sigues teniendo el buen cuerpo de cuando nos conocimos-. Dijo Allen al ver lo perturbado que se puso Kurtain, quien luego de controlar su rubor lo invitó a pasar y le indicó que lo esperara, que ya se cambiaba y así lo hizo, salió con unos pantalones de mezclillas y un suéter de color azul celeste. Traía unas cervezas en la mano. Lo invitó a una pequeña terraza en la casa que daba a la piscina. Una vez que se instalaron, William dijo de improviso.
- Nunca me volviste a llamar.
-Sí, - respondió Kurtain- así es, pero tú te fuiste primero ¿recuerdas?... además yo también tuve que irme a estudiar, luego fui a San Francisco y tiempo después a Los Ángeles y ya ves, perdí tú rastro. Pero seguro me hubiese gustado estar contigo, han pasado muchas cosas y no tenía muchos amigos precisamente, quizás contigo el tiempo hubiese sido mejor, pero ya ves de nuevo te tengo en el frente.

- Yo te vi, en Seattle, en una competencia de autos, ibas con un jugador de fútbol, pero, a pesar de todos los intentos que hice, no te pude alcanzar. Perdí tú rastro entre la gente. 
Sorprendido Kurtain exclamó:
- ¡Sabías que eras tú!, sí te escuché, luego al buscarte también te perdí entre la gente, perdóname y no, no era un jugador de fútbol, era un compañero de trabajo que tenía ese aspecto- luego hubo una pausa, a pesar de gustarle la idea de que estuviera aquí, le inquietaba un poco, trataba de no pensar y no darle un giró equivocado a la conversación.

-Pensé en ti muchas veces- le dijo Allen y Stephen se ahogó con la cerveza, tosió con mucha fuerza, aventando cerveza. - No te preocupes- rió Allen- poco después encontré a mi alma gemela, me enamoré de mi esposa, y estoy felizmente casado- Kurtain respiró más aliviado.
- Yo también me enamoré y me casé, y ya que a ti puedo contártelo…- se atrevió a decírselo a Allen, pero un frió corrió por su cuerpo- no corrí…no corrí con tanta suerte como tú en lo otro, en lo otro- dijo Kurtain algo apesadumbrado.
-¿Qué pretendes decir?- le preguntó Allen extrañado y un tanto fuera de lugar.
- Antes de casarme hubo otro ser en mi historia, sí sabes de lo que te habló- Ahora fue Allen que hecho la cerveza en el suelo, pensaba que como lo fue con él, eso fue sólo… un momento; sin embargo, no era así.

- No quiero hablar sobre ello, no es algo de lo que me sienta orgulloso, simplemente pasó y ya, quizás sea lo único que te diga- sintió un alivió el poder contárselo a otra persona, hacia bastante tiempo que no hablaba con nadie de ello. Aunque Allen notó cierto dolor en las palabras de Kurtain, e insistió en ello.
-No puedo entender lo que dices ¿Llegaste a algo formal o fue simplemente platónico?
-No te miento si te digo que no sé, lo que sí sé es que fue triste, muy fuerte. Él no podía o no quiso corresponder mi amor; me sentía confundido y amargado, ora me daba alas, ora me las cortaba, ora avanzaba, ora retrocedía, hubo un momento en que sólo quería golpearlo, partirle la cara. Hoy sé, después de mucho pensar, que me hice mucho daño con esa tormentosa relación y que no quisiera volver a pasar por ella nuevamente. Se aprovechó del amor que le tenía para mostrarse despiadado conmigo.

 Fueron momentos de gran intensidad en mi vida… todo parecía tener un ritmo vertiginoso.  Hudson, así se llamaba, jugaba con todo, incluso conmigo, al final, dijo que se sentía confundido. El darme cuenta de que quizás, sólo quizás nunca me quiso me tomó bastante tiempo y dejó una profunda herida en mi alma -. En este punto se detuvo, tomó un trago de cerveza, su garganta se hubo quedado completamente en seco-. Está bien por hoy de eso.  Hablemos de otra cosa ¿Te quedaras aquí?

-No, de hecho, ya me estoy yendo,- le explicó Allen- los trabajos en la granja comienzan muy temprano y aquí no tendré tiempo de llegar, sólo quería verte de nuevo. Me agrada mucho que la vida nos hubiese reunido de nuevo y quería asegurarme que fuera así-. Se levantó, se despidió de Kurtain y se fue rumbo a la granja. 

Kurtain permaneció sentado en donde terminó de hablar con Allen, de nuevo, en dos días consecutivos, volvía a hablar de Chris Hudson y lo que estaba encerrado en su corazón, todo esto luchaba por encontrar un lugar en la vida, su ambigüedad en el amor. Tomó su cerveza y acusó los ojos. Acaso estos días, cuando sentía que su mundo cambiaba drásticamente, el recuerdo de Hudson aparecería haciéndose constante, emergía como algo que estuvo fuertemente anclado en su vida, pero que él se empeñó en ocultar entre murallas de arenisca.

Era una herida en su corazón algo desabrida, un engrama en su mente; lucho por eso, sintió que puso todo de su parte; porque tuviera un final menos doloroso, pero fue Chris Hudson quién siempre tuvo el destino en las manos, y recién que habló de ello calló en cuenta que él sólo era una marioneta. Víctima de su manipulación inconsciente. Estaba enamorado de un hombre que adivinó en pocos momentos lo que a él le llevó años traer a su parte consciente, el hecho de ser homosexual, sentía que él se aprovechó de ello… y eso lo dejaba en desventaja ante Hudson, siempre fue así, por mucho que pusiera de su parte por hacerse dueño de la situación su corazón volcase hacía lugares insospechados, girando sobre su vida como un remolino que no dejaba apartarse. 

La espina en su corazón se afianzó más en él, hasta que se hizo física, por primera vez pensaba en eso que sentía como algo tangible y real, como un monstruo que lo devoraría entero.  Sintió deseos de llamar a Alissa y a su hijo, mas no lo hizo, luego sintió faltarle el aire, el estado de angustia lo acorraló, fue una locura venir sin arreglar todos sus asuntos.

No deseaba atormentarse por todo lo que paso con Alissa, pero sentía que tenía gran parte de la culpa. Se levantó de silla donde se hallaba y fue a cambiarse, de nuevo la noche se volvería larga y el luchaba por serenarse. Otra noche dando vueltas, otra noche sin poder dormir. No podía tolerarlo.

Se levantó, se vistió y salió en el auto, esperaba poderse perderse en la carretera. Tratando de olvidarlo, pero no podía, estaba allí. Quizás tenía que sacarlo de su vida, su cabeza estaba a estallar tenía que olvidar…por primera vez tenía ganas de perderse en una relación sin sentido. Encontrar alguien a quien amar, sin ser torturado por todo. Un amor de verdad.

Llegó a una pequeña cervecería, estaba bastante lejos, se sentó en la barra y pidió una cerveza; varias personas a su alrededor, en la televisión del local pasaban un juego en diferido, se entretuvo viéndolo, cualquier cosa que le evitara pensar. Alguien a su lado le hizo algún comentario del juego, el también argumentó algo. El juego aumentó su intensidad y se vio rodeado de una decena de hombres gritando los avatares de los jugadores en el partido.  Él se unió también al grupo y la noche se volvió bulliciosa.

Pasaron a una mesa y pidieron varias cervezas más; pronto varios hombres lo rodeaban conversando algunas cosas sin importancia, hablaba del juego, del trabajo y de otras cosas más. Era un grupo bastante heterogéneo, había desde tipos con aspecto de camionero hasta hombres de oficina. 

Al transcurrir de la noche estaba un poco ebrio, lo que ayudaba a olvidar lo que vivía, sin quererlo comenzó a imaginar la vida del grupo que lo rodeaba. No eran hombres infelices y aunque algunos se quejaban de sus matrimonios, lo cierto, era que se aceptaban tal como eran, no estaban buscando nada más, lo que viniera lo aceptaban y punto.

Él no parecía pertenecer a ese grupo sentía que estaba incompleto, algo faltaba en su vida y eso no estaba en ese establecimiento, ninguno de esos hombres sería feliz al lado de otro hombre, tan sólo una mujer podía llenar ese vacío que hiciera de vida algo completo, entonces a él le faltaba ese complemento y ninguna mujer llenaría ese espacio, en alguna parte allá fuera debía haber alguien a quien amar y que contribuyera a su amor, que importancia tenía si terminaba quejándose en cantinas. Necesitaba experimentar la aventura de vivir, y olvidar de una buena vez a Hudson y Alissa.    

Salió en su auto a toda velocidad hasta otro local, nada llenaba el vacío, mandaría todo al demonio, era un antro gay, nervioso se introdujo, muchos chicos bailaban o conversaban entre ellos, al entrar lo miraron, mas luego siguieron en lo suyo, la oscuridad del antro fue cómplice de Kurtain, la música fuerte y jóvenes danzando lo hacían sentirse con la adrenalina en aumento, su mente se agobiaba, la soledad de la casa donde se quedaba lo mataría, se dejó llevar por la música y una bebida fuerte que compró en la barra.


Varios jóvenes corriendo y riendo llamaron su atención, camino a la última parte del bar y llegó a un sitio oscuro en donde en especies de cabinas se practicaba sexo a través de hoyo (glory hole), lo embriagado que estaba, lo fuerte de la música, el ambiente sexual,  no permitía el pensamiento y pensó en practicarle sexo, por primera vez después varios años sin contacto homosexual,  a un pene que ese hallaba por fuera de agujero…lo tomó en su mano, sintió un arqueo, vomitaría, lo soltó de nuevo, sin siquiera poder permitirse eso,  dio vuelta y salió a toda velocidad del antro, su vida se estrellaba tras la incertidumbre, un matrimonio destruido, un deseo homosexual oculto por mucho tiempo y la idea de olvidar de una buena vez y para siempre a Cris Hudson poco a poco enloquecía.